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martes, 27 de diciembre de 2016

"Castigar con silencio es más peligroso que con palabras"


Esta entrevista la compartió una amiga y me pareció excelente
La copio textualmente,fue publicada en el Diario ABC en la sección Familia Padres e Hijos  el 30/05/2016 .
Debajo está el enlace.


-"Castigar con silencio es más peligroso que con palabras". 


Y se hereda de padres a hijos»
Los autores de «La ciencia del lenguaje positivo» nos explican cómo construir un plan linguístico familiar

 Luis Castellanos

«Las palabras son poderosísimas. Pueden llegar a determinar el rumbo de nuestro pensamiento, nuestra actitud ante la vida e incluso, nuestra salud y longevidad». Esa es la teoría de Luis Castellanos y su equipo, expertos en neurociencia, y autores del libro «La Ciencia del lenguaje positivo». En él plantean que el uso de determinadas palabras (o la ausencia de estas) en el día a día puede suponer la diferencia entre el éxito y la derrota en cualquier ámbito. «El lenguaje nos permite gestionar nuestra propia inteligencia», asegura. «Si nos parece normal dedicar todos los días un tiempo a cuidar nuestro cuerpo, a asearnos, vigilar nuestra dieta o hacer algo de ejercicio, ¿por qué no dedicar también a cuidar cada una de nuestras palabras?», se pregunta Castellanos.

—La mayoría de nuestros deseos están centrados en mejorar nuestras circunstancias, pero estamos lejos de plantearnos mejorar nuestro lenguaje: así somos, así hablamos.

—El lenguaje refleja nuestra existencia, nuestra historia, nuestras esperanzas. El lenguaje es un espejo de cómo somos. Cuando somos conscientes de nuestras palabras nos damos cuenta de que no vemos el mundo tal y como es, sino tal y como hablamos. Por eso quizá cambiando el enfoque de ese espejo también podremos enfocarnos de otra manera, cambiar, ambicionar cosas más grandes, una vida mejor, con más bienestar, más alegría y más salud.

—¿Cómo podemos cambiar el uso de las palabras?

—Habitando las palabras. Hablar es habitar el mundo. Deberíamos hacernos cargo de nuestros vocablos, de su destino. Un buen ejercicio es intentar identificar las palabras que queremos que adquieran importancia en nuestra vida, aquellas que queremos «habitar». Nos referimos a esas que te ayudan a crecer, que son las que deberíamos compartir, las que nos ayudan a transformar nuestras vidas y a dar lo mejor que tenemos a las personas que nos rodean.

—¿Por qué es tan importante buscar ese lenguaje positivo?

—Esta científicamente comprobado que el lenguaje positivo busca evolutivamente dirigir nuestra atención y nuestra voluntad hacia el aspecto favorable de las cosas y de la vida. Tomar conciencia de nuestro lenguaje es fundamental para escribir nuestro destino. Es más, las palabras influyen en nuestra posibilidad de supervivencia, ya que la expresión de emociones positivas hace que nos fijemos, que prestemos atención, a aquellos estímulos físicos y mentales que cada vez son más relevantes para llevar una vida duradera, plena y con el mayor grado de felicidad posible. Somos unos firmes convencidos de las funciones vitales del lenguaje positivo en nuestra mente ejercen una influencia creativa en las decisiones más profundas que tomamos. Nuestras decisiones lingüísticas crean nuestra historia.

—¿Palabras son hechos?

—Palabras son hechos siempre. Tanto si haces lo que has dicho que vas a hacer, como si no lo haces. En el primer caso estarás mostrando un estilo de acción que genera confianza, mientras que en el segundo caso tu estilo de acción generará otro tipo de respuestas. Este es el poder de las palabras.

—También en el sentido negativo. La pareja, los padres, o los hijos son los que suelen soportar los efectos devastadores del lenguaje de la ira. Es lo que José Luis Hidalgo, coautor del libro, ha denominado el «Hulk en casa».

—Esto es así. El enfado desmesurado se propaga con mayor facilidad en los entornos íntimos. Se trata de una cuestión de confianza, y hacemos uso de ello. Las mayores muestras de enojo las solemos cometer en casa, ese terreno que sabemos seguro y donde no hay que fingir. Después del enfado sabes que nadie se irá de casa, que te seguirán queriendo, y que todo quedará en un hecho puntual. Sin embargo, a menudo maltratamos a las personas que nos quieren bien con nuestros gestos indisimulados de fastidio, con nuestro lenguaje descuidado, con palabras hirientes.

—Sabemos entonces que descuidamos los entornos más queridos pero, ¿qué podemos hacer para evitarlo? ¿Cómo podemos reconocer y reconducir estas reacciones exageradas ante hechos insignificantes?

—Hay dos momentos clave para nuestro entrenamiento. Uno tiene que ver con «cómo llegamos a casa», y el segundo, con reconstruir o reparar lo que inconscientemente, hemos dañado.

—¿Qué puedes hacer en lo relativo a «cómo llegas a casa»?

—Es importante realizar un pequeño acto, una señal de respeto, frente a la puerta de entrada, que puede consistir en respirar antes de girar completamente la llave. Es un simple gesto con el que asumir que accedemos a otra energía, a un escenario con otro ritmo, y que al cruzar el umbral de la misma nos vamos a incorporar a un nuevo espacio. Físicamente tiene que ver con la pausa, con un momento de silencio que aprovechamos para observar, para ver de verdad a las personas que nos esperan.

—Pero, ¿cómo reparamos los daños una vez que Hulk ha hecho estragos?

—En este caso es importante cuidar nuestro diálogo interior y no culpabilizarnos en exceso. Solemos tratarnos duramente cuando perdermos los papeles, lo pasamos mal precisamente por haber hecho que lo pasan mal los demás, renegamos más de la cuenta y alargamos innecesariamente la reflexión sobre las causas de nuestro comportamiento. Pensamos que así podremos curar las heridas cuando es precisamente lo contrario. Para enfrentarnos a los daños causados por nuestra ira podemos decir: «devuélveme lo que te he dicho, no era para tí».

Nuestros queridos lectores, muchas gracias por haber elegido #LaCienciaDelLenguajePositivo Un fuerte abrazo a todos!

—Igual que las palabras curan, dicen ustedes en su libro que el silencio es asesino y que se hereda de padres a hijos.

—En efecto. Castigar con el silencio es más peligroso que con palabras. El silencio es asesino, y se hereda de padres a hijos. Es un pozo sin fondo porque cuando se intenta salir ya no hay marcha atrás, se trata de un camino sin retorno cierto. Pertenece a la familia de la ira, pero puede ser más dañino que ella. Es casi imposible mentir cuando se habla enfadado, lo decimos mal, pero decimos lo que pensamos.

—¿Qué hacer con esta variable tan temida de la ira?

—Nosotros hemos identificado una cosa que se puede utilizar para romperlo: el tacto. Con el tacto surge... la palabra. Una cosa lleva a la otra. Lo hemos comprobado muchísimas veces en las formaciones que solemos impartir: a los alumnos les privamos de vista, los dejamos sentados en soledad y se callan. Entonces, les damos la mano de un compañero, da igual de quién sea, y empieza la conversación. Siempre obtenemos el mismo resultado. Sin duda, el tacto es la antesala del lenguaje verbal, de la comunicación fluida y sincera, es el gran desatascador de las relaciones humanas.


Consejos de Castellanos para trazar un plan linguístico en nuestro entorno familiar

1. Incrementemos las palabras que tienen que ver con el sentimiento positivo y hagamos visibles esas palabras de algún modo; una forma creativa consiste en hacer de la cocina un «fortín» de positividad, es allí donde solemos invertir más tiempo, tomar decisiones, compartir una buena charla o desvelar lo que nos preocupa en busca de un buen consejo mientras tomamos un café o preparamos la cena, así que colocar a la vista—en los azulejos o en la nevera—unas simples palabras elegidas hacen que nos sintamos francamente bien.

2. Sorprendamos con algún «detallito», música, algo rico para compartir y, por supuesto, un post-it con algún mensaje especial que se desliza en una cartera, un bolso o un estuche escolar; elijamos las palabras y el momento donde ese mensaje puede ser más eficaz. Atrevámonos, incluso, a dejarlo en algún lugar donde esa persona tarde en encontrarlo, como en el bolsillo de un abrigo, debajo de una almohada o la sorpresa de la luna del coche.

3. Rebajemos el verbo «ser» y sus consecuencias que nos limitan, etiquetan y generan prejuicios; utilicemos mejor el verbo «estar», «parecer» o «comportarse», de forma que un «eres tonto» quede en un «estás tonto».

4. Hagamos asambleas divertidas centrándonos en las fortalezas de cada uno, juguemos a decirnos cómo nos vemos desde lo positivo, precisamente, para construir posteriormente aquello que tenemos que mejorar. Podemos expresarlo mediante palabras, dibujos, cuentos, etc.

5. Cuando preguntemos «¿cómo estás?», procuremos sentarnos, apagar la tele y callar, no sólo exterior, sino interiormente, anulemos los prejuicios, detengamos los argumentos o las interpretaciones que suelen ocupar nuestra mente y busquemos la calma interior.

8. Elaboremos un calendario emocional para expresar nuestros sentimientos, hagámoslo físicamente con cuadros grandes para que cualquiera pueda poner en la casilla correspondiente palabras a lo que les ocurre por dentro, propiciando el conocimiento emocional compartido. Expresar emociones de esta forma nos capacita para convivir con ellas creando ambientes protectores.

9. Incrementemos la cantidad de «síes» y rebajemos la de los «noes», fijémonos más en lo que tienen y no tanto en lo que les falta, anotemos logros, méritos, agradecimientos, hagámosles saber unos y otros de forma directa, sencilla, pública y abundante; equilibremos de una vez las incapacidades con las capacidades, convirtamos los imposibles en improbables, cambiemos la tendencia y empoderemos a las personas que nos acompañan vitalmente. Saldremos realmente favorecidos.

10. Demos más importancia a la voz humana... La tradición oral, escuchar algo de alguien, algo que nos importa de alguien que, incluso, no conocemos. La historia que se cuenta en el reino confortable de la cama convierte a nuestros hijos se vuelven más inteligentes, su inconsciente aprende y retiene nuevas palabras, giros complicados incluso. De todas las historias, las que más captan nuestra atención son las que hablan de nosotros mismos, las que hablan de lo cotidiano, de lo que les sucedió hace ya tiempo a nuestros mayores."-

Fuente; texto publicado en http://www.abc.es/ en la sección Padres e Hijos
http://www.abc.es/


sábado, 8 de septiembre de 2012

Magia



En sucesivo mudar de entusiasmos, hasta que suceda lo que tenga que suceder, una palabra trae otra palabra, como por efecto de magia. Un hombre atrae a una mujer como por efecto de magia. Una mujer mueve las manos por efecto de la noche boreal, que es mágica. Y la palabra hombre toma a la palabra mujer de la mano, por efecto de la soledad que es mágica. Le ofrece algo de beber y la palabra mujer da sorbos infinitos a la palabra hombre. Y la magia es un acto en cuerpo vivo. O el cuerpo vivo es un acto de magia.




En voz baja hablábamos de un amor imposible.

A medida que la noche con su filo separaba el cielo del infierno, advertíamos que en torno al imposible había siempre un halo de incredulidad. A pesar de todo, llevábamos corriendo la sombra por las arterias urgentes. Hacíamos pasar por debajo del arcoiris el tropel de peces montados en sus sueños. Que no se nos ocurriera mirar justo en el centro no quería decir que la historia de amor no estuviera en el centro. Habíamos jurado analizar los hechos y las coincidencias para poner fin a las dudas. Ninguno de los dos conocía una historia tan imposible. Tan improbable era que no podíamos dejar de creer en ella.


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No disimules tu calidad de ausencia no ausente, de temblor escapado de donde estabas bien sujeto. No creas que soy una fotografía que sale de tu imaginación para convertirme en mí misma. Soy yo misma haciéndome fotografía para llegar a tu imaginación.


Fuera, bajo el cielo lluvioso, esperé frente al bar hasta que llegara mi amiga que venía a contarme sobre su separación reciente. Más reciente que la anterior. Traía un vestido negro escotado y una pequeña cruz dorada. Era el vestido de luto erótico que daba paso a la próxima unión que la llevaría a la próxima separación. Yo había dejado de ser yo y empezaba a ser Cheever. Entramos al bar. Bajo la sombra proyectada por la lámpara sus ojos creaban una segunda sombra. Muchas otras cosas también se iban haciendo. Las perlas oscuras de sus ojos. El ángel que surgía de mi copa. Todas sus palabras de amor y desamor me eran por completo conocidas. Al lado, dos mujeres susurran sobre sus propios amores como ladronas en oficinas oscuras. Mi amiga no sabía bien qué hacer con su escote. Era ella, y no yo, quien había venido en vez de no venir. Ella parecía estar ajena a todo. No escuchaba nada. Ni el más mínimo rumor de Cheever.



la fee


Todo el tiempo estuve pensando que cuando es jueves es jueves. Que los jueves hago cosas de jueves: tomo el colectivo de los jueves. Las mañanas se pavimentan con el color del jueves. Y leo un poema que se acerca al viernes pero es jueves. Infatigablemente el jueves se acerca al viernes con su voz lejanísima y sus quimeras. En cambio, los días martes hago cosas de martes. Las horas del día se cargan con sus propias referencias y yo voy a lugares a los que sólo debo ir los martes, porque si fuera un miércoles no habría lugar para mí, ya que los miércoles son para las personas de los miércoles. Los lunes, por su parte, amanecen con su luz y llenan las calles con rastros inconfundibles para que yo no me extravíe en otro día que no sea lunes. Incluso cuando pierdo la memoria, veo una mujer humedeciéndose los labios con la lengua y sé que es la mujer de los domingos, con su lengua de domingo, barriendo restos de esperma. Los sábados, en cambio, es la hormiga de los sábados la que va marcando el rumbo hacia los mares de la luna. Yo recorro la semana obedientemente, puntualmente, cronológicamente. Pero sin que nadie lo note, como un pez invisible, salto de la pecera para llegar a los mares sin límites.



Caras ciegas avanzaban por las veredas. Los autos iban hacia el norte y hacia el sur. Los que no conocían la entrada de la grieta ni el cuerno del pararrayos habrían podido errar toda la noche. Nosotros, en cambio, entramos dando pequeños pasos cortos, y los pies, una vez en el aire, bajaban muy despacio hacia el suelo. Desde arriba hacia abajo el camino era largo. Entre paso y paso hicimos escala en los puertos del Mar Báltico.


¿Qué es un texto? ¿No lo ves? Es un lugar de palabras. Palabras de verdad. Palabras enteras. Palabras cortadas en pedacitos. O procesadas como papilla. Palabras hechas flecos. Palabras bordadas en encajes. Palabras de verdad que cuando mienten, mienten de verdad. Cuando aman, aman de verdad. Cuando mueren, mueren de verdad. Un texto está hecho de palabras nadadoras, flotadoras, buceadoras. Las palabras son como los peces, escurridizas, bellas, extrañas, desconocidas. En un texto las palabras pueden hacer cualquier movimiento. Se sienten libres. Pueden contestar y escuchar. Hacer más ruido que nadie. Más silencio que nadie. Y pueden tener miedo o no tenerlo. Y en esto reside la sinceridad. Qué es un texto, me preguntabas, sin siquiera habértelo propuesto. ¿No ves? Un texto es una fotografía de palabras. El texto dice suspiro rojo, beso negro, memoria azul y al leerlo ves la fotografía de tu propia imaginación erótica.





Miriam Cairo
Escritora argentina, este texto está extraído de la contratapa de Página 12 Rosario donde Miriam escribe su sección todos los sábados:Página 12 Rosario
cairo367@hotmail.com
Fuente las imágenes:aquí
Info sobre la autora en: Miriam Cairo