miércoles, 6 de noviembre de 2013

Las gordas y gordos onettianos

Entre ayer y hoy hice un recorrido por la TV y excepcionalmente fuera de Canal "a",la TV pública, Canal Encuentros y algunas señales de cable, el resto se dedica a programas que van desde noticiarios, Realitys Shows, crónicas de chimentos de la farándula u otros del mismo tenor  y temáticas en donde la violencia ejercida desde la pantalla va desde comentarios, opiniones, expresiones de violencia verbal,  simbólica, agresiones entre los mismos participantes periodistas-actores llamados panelistas, opinadores ,etc.

Hubo recientemente una discusión entre el actor Alfredo Casero, excelente humorista y actor de comedias que protagoniza uno de las diarias ficciones titulada "Farsantes" y entre otro actor de experiencia en telenovelas ,unitarios y teatro : el actor Nico Vásquez.

El enfrentamiento parece ser que fue por un saludo del actor Nico Vásquez a Casero por llamarlo algo así como: -¿Qué hacés gordito?.-

Esto fue lo que desató el enojo del ex protagonista del legendario programa Cha -Cha movilizando a presión de los periodistas que explicara y ampliara el entredicho.
Casero finalmente minimizó el hecho pero aclaró que lo que le molestó fuera que en el saludo el calificativo "gordito" puesto que era un mote ofensivo, discriminatorio tal como pueden ser otros apelativos como : negro, puto, judío, etc.

En otro programa de noticias de la farándula a propósito de comentar sobre este episodio ocurrido entre el dime-direte entre Casero y Vásquez la conductora Roccasalvo comenta que "...eso está muy mal de usar  "gordo" como calificativo aún si hubiese sido en forma cariñosa..." sin recordar (la falta de memoria en la TV no es algo desconocido),que en otra oportunidad la misma se refirió a otra periodista en modo amenazante diciéndole en público, en pantalla:"...te voy a hacer adelgazar esos 30 kilos de más que tenés....)

Al final de la entrada se encuentran los videos a los que se hace referencia 

Hoy anduve mascullando una idea de crear una columna cuyo eje temático fuera :La lectura de los Medios.
Creo que es materia de preocupación y ocupación no sólo de la familia, sino de la escuela, la educación, analizar y debatir estos temas que tienen que ver cómo se manipula y tergiversa la información, cómo se miente en la TV, cómo se falta a los valores de la ètica y responsabilidad como periodistas y comunicadores sociales en los medios además de la violencia que se ejerce durante todo el tiempo en la mayoría de los medios.

En breve  estimo que le daré formato o formará parte del blog.


Por lo pronto ver televisión me remite a la literatura , el arte y, recordé las pinturas de la artista estadounidense Beryl Cook (bastante coloridas por cierto) y que vienen al dedillo en contraposición para ilustrar unos fragmentos  del relato sombrío de la primera novela de Juan Carlos Onetti : "El pozo" en donde ya se perfilarían esos protagonistas oscuros, desolados, grises, marginales,envueltos en una soledad tremenda  de la narrativa onettiana en el cual aparece el personaje de la "gorda" relacionada a un ambiente de prostitución, calificada de forma peyorativa, descripta con cualidades que la estigmatizan.


Beryl Cook

Fragmentos de El pozo de Juan Carlos Onetti.
(...)
Hace un rato me estaba paseando por el cuarto y se me ocurrió de golpe que lo veía por primera vez. Hay dos catres, sillas despatarradas y sin asiento, diarios tostados de sol, viejos de meses, clavados en la ventana en lugar de los vidrios. 
Me paseaba con medio cuerpo desnudo, aburrido de estar tirado, desde mediodía, soplando el maldito calor que junta el techo y que ahora, siempre en las tardes, derrama adentro de la pieza. Caminaba con las manos atrás, oyendo golpear las zapatillas en las baldosas, oliéndome alternativamente cada una de las axilas. Movía la cabeza de un lado a otro, aspirando, y esto me hacía crecer, yo lo sentía, una mueca de asco en la cara. La barbilla, sin afeitar, me rozaba los hombros. 
Recuerdo que, antes que nada, evoqué una cosa sencilla. Una prostituta me mostraba el hombro izquierdo, enrojecido, con la piel a punto de rajarse, 
diciendo: 
—“Date cuenta el serán hijos de perra. Vienen veinte por día y ninguno se afeita”. 
Era una mujer chica, con unos dedos alargados en las puntas, y lo decía sin indignarse, sin levantar la voz, en el mismo tono mimoso con que saludaba al abrir la puerta. No puedo acordarme de la cara; veo nada más que el hombro irritado por las barbas que se le habían estado frotando, siempre en ese hombro, nunca en el derecho, la piel colorada y la mano de dedos finos señalándola. 
Después me puse a mirar por la ventana, distraído, buscando descubrir cómo era la cara de la prostituta. Las gentes del patio me resultaron más repugnantes que nunca. Estaban, como siempre, la mujer gorda lavando en la pileta, rezongando sobre la vida y el almacenero, mientras el hombre tomaba mate agachado, con el pañuelo blanco y amarillo colgándole frente al pecho.


(...)No sé si hace más o menos de un año. Fue en los días en que terminaba el juicio, creo que estaban por dictar sentencia. Todavía estaba empleado en el diario y me iba por las noches al “Internacional”, en Juan Carlos Gómez, cerca del puerto. Es un bodegón oscuro, desagradable, con marineros y mujeres. 
Mujeres para marineros, gordas de piel marrón, grasientas, que tienen que sentarse con las piernas separadas y se ríen de los hombres que no entienden el idioma, sacudiéndose, una mano de uñas negras desparramada en el pañuelo de colorinches que les rodea el pescuezo. Porque cuello tienen los niños y las doncellas. 
Se ríen de los hombres rubios, siempre borrachos que tararean canciones incomprensibles, hipando, agarrados a las manos de las mujeronas sucias. Contra la pared del fondo se extienden las mesas de los malevos, atentos y melancólicos, el pucho en la boca, comentando la noche y otras noches viejas que a veces aparecen, en el aserrín fangoso, casi siempre, en cuanto el tiempo es de lluvia y los muros se ahuecan y encierran como el viento de una bodega.(...)

Beryl Cook

Esa noche le dije que nunca me iría con ella pagándole, era demasiado linda para eso, tan distinta de todas aquellas mujeres gordas y espesas. 
—Mujeres para marineros; y yo, gracias a dios... 
La voz del muchacho en el plano, cuando decía “¡Cheerio!” con el medio litro en el aire, era también de mujer. 
¿Qué podía pensar ella? Por otra parte, es posible que yo no haya sido sincero y le haya dicho aquello porque sí, como una broma. Pero Ester encogió los hombros haciendo una mueca cínica, sin relación alguna con sus brazos, una mueca que descubriría repentinamente, como un secreto de familia guardado con tenacidad, su parentesco con las mujeres de piel oscura que se reían balancéandose en las sillas. 
—¡Vamos, m’hijo! Si me viste cara de otaria...Desde entonces me propuse tenerla gratis. No le hablaba nunca de eso, no le pedí nada. Cuando ella me invitaba a salir, movía la cabeza con aire triste.
(...)

Beryl Cook

Hubo un mensaje que lanzara mi juventud a la vida; estaba hecho con palabras de desafío y confianza. Se lo debe haber tragado el agua como a las botellas de los náufragos. Hace un par de años que creí haber encontrado la felicidad. Pensaba haber llegado a un escepticismo casi absoluto y estaba seguro de que me bastaría comer todos los días, no andar desnudo, fumar y leer algún libro de vez en cuando para ser feliz. Esto y lo que pudiera soñar despierto, abriendo los ojos a la noche retinta. Hasta me asombraba haber demorado tanto tiempo para descubrirlo. Pero ahora siento que mi vida no es más que el paso de fracciones de tiempo, una y otra, como el ruido de un reloj, el agua que corre, moneda que se cuenta. Estoy tirado y el tiempo pasa frente a la cara peluda de Lázaro, sobre el patio de ladrillos, las gordas mujeres  que lavan la pileta, los malevos que fuman con el pucho en los labios. Yo estoy tirado y el tiempo se arrastra, indiferente, a mi derecha y a mi izquierda.
(...)

Era una mujer chica, con unos dedos alargados en las puntas, y lo decía sin indignarse, sin levantar la voz, en el mismo tono mimoso con que saludaba alabrir la puerta. No puedo acordarme de la cara; veo nada más que el hombro irritado por las barbas que se le habían estado frotando, siempre en ese hombro,nunca en el derecho, la piel colorada y la mano de dedos finos señalándola.
Después me puse a mirar por la ventana, distraído, buscando descubrir cómo era la cara de la prostituta.

Las gentes del patio me resultaron más repugnantes que nunca. Estaban, como siempre, la mujer gorda lavando en la pileta, rezongando sobre la vida y el almacenero, mientras el hombre tomaba mate agachado, con el pañuelo blanco y amarillo colgándole frente al pecho.
El chico andaba en cuatro patas, con las manos y el hocico embarrados. No tenía más que una camisa remangada y, mirándole el trasero, me dio por pensar en cómo había gente, toda en realidad, capaz de sentir ternura por eso.Seguí caminando, con pasos cortos, para que las zapatillas golpearan muchas
veces en cada paseo. Debe haber sido entonces que recordé que mañana cumplo cuarenta años. Nunca me hubiera podido imaginar así los cuarenta años, solo y entre la mugre, encerrado en la pieza. Pero esto no me dejó melancólico.
Nada más que una sensación de curiosidad por la vida y un poco de admiración por su habilidad para desconcertar siempre. Ni siquiera tengo tabaco.
No tengo tabaco, no tengo tabaco. Esto que escribo son mis memorias.
Porque un hombre debe escribir la historia de su vida al llegar a los cuarenta años, sobre todo si le sucedieron cosas interesantes. Lo leí no sé dónde.
Encontré un lápiz y un montón de proclamas abajo de la cama de Lázaro, y ahora se me importa poco de todo, de la mugre y el calor y los infelices del patio.
Es cierto que no sé escribir, pero escribo de mí mismo.
Ahora se siente menos calor y puede ser que de noche refresque. Lo difícil es encontrar el punto de partida. Estoy resuelto a no poner nada de la Infancia.
Como niño era un imbécil: sólo me acuerdo de mí años después, en la estancia o en el tiempo de la Universidad. Podría hablar de Gregorio, el ruso
que apareció muerto en el arroyo, de María Rita y el verano en Colonia. Hay miles de cosas y podría llenar libros(...)

Fuente: Libro personal El pozo
Juan Carlos Onetti
(Montevideo, 1909 - Madrid, 1994)

Síntesis de la novela: "El pozo

Eladio Linacero escribe sus memorias durante una noche. En ellas, cuenta que vive en una pieza de pensión, que comparte con Lázaro, un obrero militante del Partido Comunista. Está divorciado, y sus relaciones con las mujeres se limitan a encuentros ocasionales. Ha sido periodista.
En un relato fragmentario, recuerda a algunas personas y evoca fantasías a las que llama" aventuras". Asegura que son muchas, pero sólo cuenta una: la de la cabaña de troncos, con variantes. Lo que se mantiene sin cambios en estas aventuras es que él es el protagonista y que se llevan a cabo en lugares exóticos.
Está solo, se lleva mal con Lázaro, a quien desprecia, y se siente incomprendido incluso por Cardes, un poeta a quien admira y con el que intenta compartir, sin éxito, sus fantasías.
Poco antes del amanecer, cada vez más solitario y cansado, deja de escribir.

Para leer más sobre la trama argumental de la novela ,sobre el escritor uruguayo,su vida y obra pueden ir a su sitio oficial donde hallarán un caudaloso material.

Fuentes:
Sitio oficial Juan Carlos Onetti: onetti.net/ .onetti.net/es/descripciones
Sitio oficial de la artista Beryl Cook :berylcook.org/
Nota sobre Beryl Cook en diario El País: Nota sobre beryl Cook enEl pais.com/


Archivo de la periodista chimentera refiriéndose
 de modo muy agresivo a otra :Laura Ubfal

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