domingo, 4 de mayo de 2014

Jorge Luis Borges - La Pesadilla


Jorge Luis Borges - La Pesadilla -Conferencia-


Señoras, señores:

Los sueños son el género; la pesadilla, la especie. Hablaré de los sueños y, después, de las pesadillas.
Estuve releyendo estos días libros de psicología. Me sentí singularmente defraudado. En todos ellos se hablaba de los instrumentos o de los temas de los sueños (voy a poder justificar esta palabra más adelante) y no se hablaba, lo que yo hubiera deseado, sobre lo asombroso, lo extraño del hecho de soñar.

Así, en un libro de psicología que aprecio mucho, The Mind of Man, de Gustav Spiller, se decía que los sueños corresponden al plano más bajo de la actividad mental —yo tengo para mí que es un error— y se hablaba de las incoherencias, de lo inconexo de las fábulas de los sueños. Quiero recordar a Groussac y su admirable estudio (ojalá pudiera recordarlo y repetirlo aquí) Entre sueños. Groussac, al final de ese estudio que está en El viaje intelectual, creo que en el segundo volumen, dice que es asombroso el hecho de que cada mañana nos despertemos cuerdos —o relativamente cuerdos, digamos— después de haber pasado por esa zona de sombras, por esos laberintos de sueños.

El examen de los sueños ofrece una dificultad especial. No podemos examinar los sueños directamente. Podemos hablar de la memoria de los sueños. Y posiblemente la memoria de los sueños no se corresponda directamente con los sueños. Un gran escritor del siglo dieciocho, Sir Thomas Browne, creía que nuestra memoria de los sueños es más pobre que la espléndida realidad. Otros, en cambio, creen que mejoramos los sueños: si pensamos que el sueño es una obra de ficción (yo creo que lo es) posiblemente sigamos fabulando en el momento de despertarnos y cuando, después, los contamos. Recuerdo ahora el libro de Dunne, An Experiment witk the Time. No estoy de acuerdo con su teoría pero es tan hermosa que merece ser recordada. Pero antes, para simplificarla (voy de un libro a otro, mis memorias son superiores a mis pensamientos) quiero recordar el gran libro de Boecio De consolatione philosophiae, que Dante sin duda leyó o releyó, como leyó o releyó toda la literatura de la Edad Media. Boecio, llamado el último romano, el senador Boecio, imagina un espectador de una carrera de caballos.

El espectador está en el hipódromo y ve, desde su palco, los caballos y la partida, las vicisitudes de la carrera, la llegada de uno de los caballos a la meta, todo sucesivamente. Pero Boecio imagina otro espectador. Ese otro espectador es espectador del espectador y espectador de la carrera: es, previsiblemente, Dios. Dios ve toda la carrera, ve en un solo instante eterno, en su instantánea eternidad, la partida de los caballos, las vicisitudes, la llegada.

Todo lo ve de un solo vistazo y de igual modo ve toda la historia universal. Así Boecio salva las dos nociones: la idea del libre albedrío y la idea de la Providencia. De igual modo que el espectador ve toda la carrera y no influye en ella (salvo que la ve sucesivamente), Dios ve toda la carrera, desde la cuna hasta la sepultura. No influye en lo que hacemos, nosotros obramos libremente, pero Dios ya sabe —Dios ya sabe en este momento, digamos— nuestro destino final. Dios ve así la historia universal, lo que sucede a la historia universal; ve todo eso en un solo espléndido, vertiginoso instante que es la eternidad.
Dunne es un escritor inglés de este siglo. No conozco título más interesante que el de su libro, Un experimento con el tiempo. En él imagina que cada uno de nosotros posee una suerte de modesta eternidad personal: a esa modesta eternidad la poseemos cada noche. Esta noche dormiremos, esta noche soñaremos que es miércoles. Y soñaremos con el miércoles y con el día siguiente, con el jueves, quizá con el viernes, quizá con el martes... A cada hombre le está dado, con el sueño, una pequeña eternidad personal que le permite ver su pasado cercano y su porvenir cercano.
Todo esto el soñador lo ve de un solo vistazo, de igual modo que Dios, desde su vasta eternidad, ve todo el proceso cósmico. ¿Qué sucede al despertar? Sucede que, como estamos acostumbrados a la vida sucesiva, damos forma narrativa a nuestro sueño, pero nuestro sueño ha sido múltiple y ha sido simultáneo.
Veamos un ejemplo muy sencillo. Vamos a suponer que yo sueño con un hombre, simplemente la imagen de un hombre (se trata de un sueño muy pobre) y luego, inmediatamente, sueño la imagen de un árbol. Al despertarme, puedo dar a ese sueño tan simple una complejidad que no le pertenece: puedo pensar que he soñado en un hombre que se convierte en árbol, que era un árbol. Modifico los hechos, ya estoy fabulando.
No sabemos exactamente qué sucede en los sueños: no es imposible que durante los sueños estemos en el cielo, estemos en el infierno, quizá seamos alguien, alguien que es lo que Shakespeare llamó “the thing I am”, “la cosa que soy”, quizá seamos nosotros, quizá seamos la Divinidad. Esto se olvida al despertar. Sólo podemos examinar de los sueños su memoria, su pobre memoria.
He leído también el libro de Frazer, un escritor, desde luego, sumamente ingenioso, pero también muy crédulo, ya que parece aceptar todo cuanto le cuentan los viajeros. Según Frazer, los salvajes no distinguen entre la vigilia y el sueño. Para ellos, los sueños son un episodio de la vigilia. Así, según Frazer, o según los viajeros que leyó Frazer, un salvaje sueña que sale por el bosque y que mata a un león; cuando se despierta, piensa que su alma ha abandonado su cuerpo y que ha matado a un león en sueños. O, si queremos complicar un poco más las cosas, podemos suponer que ha matado al sueño de un león. Todo esto es posible, y, desde luego, esta idea de los salvajes coincide con la idea de los niños que no distinguen muy bien entre la vigilia y el sueño.

Referiré un recuerdo personal. Un sobrino mío, tendría cinco o seis años entonces —mis fechas son bastante falibles—, me contaba sus sueños cada mañana. Recuerdo que una mañana (él estaba sentado en el suelo) le pregunté qué había soñado. Dócilmente, sabiendo que yo tenía ese hobby, me dijo: “Anoche soñé que estaba perdido en el bosque, tenía miedo, pero llegué a un claro y había una casa blanca, de madera, con una escalera que daba toda la vuelta y con escalones como un corredor y además una puerta, por esa puerta saliste vos”. Se interrumpió bruscamente y agregó: “Decime, ¿qué estabas haciendo en esa casita?”

Todo corría para él en un solo plano, la vigilia y el sueño. Lo que nos lleva a otra hipótesis, a la hipótesis de los místicos, la hipótesis de los metafísicos, la hipótesis contraria que, sin embargo, se confunde con ella.
Para el salvaje o para el niño los sueños son un episodio de la vigilia, para los poetas y los místicos no es imposible que toda la vigilia sea un sueño. Esto lo dice, de modo seco y lacónico, Calderón: la vida es sueño. Y lo dice, ya con una imagen, Shakespeare: “estamos hechos de la misma madera que nuestros sueños”; y, espléndidamente, lo dice el poeta austríaco Walter von der Vogelweide, quien se pregunta (lo diré en mi mal alemán primero y luego en mi mejor español) : “Ist es mei Leben getraümt oder ist es wahr?: “¿He soñado mi vida, o fue un sueño?” No está seguro. Lo que nos lleva, desde luego, al solipsismo; a la sospecha de que sólo hay un soñador y ese soñador es cada uno de nosotros. Ese soñador —tratándose de mí—, en este momento está soñándolos a ustedes; está soñando esta sala y esta conferencia. Hay un solo soñador; ese soñador sueña todo el proceso cósmico, sueña toda la historia universal anterior, sueña incluso su niñez, su mocedad. Todo esto puede no haber ocurrido: en ese momento empieza a existir, empieza a soñar y es cada uno de nosotros, no nosotros, es cada uno. En este momento yo estoy soñando que estoy pronunciando una conferencia en la calle Charcas, que estoy buscando los temas —y quizá no dando con ellos—, estoy soñando con ustedes, pero no es verdad. Cada uno de ustedes está soñando conmigo y con los otros.
Tenemos esas dos imaginaciones: la de considerar que los sueños son parte de la vigilia, y la otra, la espléndida, la de los poetas, la de considerar que toda la vigilia es un sueño. No hay diferencia entre las dos materias. La idea llega al artículo de Groussac: no hay diferencia en nuestra actividad mental. Podemos estar despiertos, podemos dormir y soñar y nuestra actividad mental es la misma. Y cita, precisamente, aquella frase de Shakespeare: “estamos hechos de la misma madera que nuestros sueños”.
Hay otro tema que no puede eludirse: los sueños proféticos. Es propia de una mentalidad avanzada la idea de los sueños que corresponden a la realidad, ya que hoy distinguimos los dos planos.

Hay un pasaje en la Odisea en el que se habla de dos puertas, la de cuerno y la de marfil. Por la de marfil llegan a los hombres los sueños falsos y por la de cuerno, los sueños verdaderos o proféticos. Y hay un pasaje en la Eneida (un pasaje que ha provocado innumerables comentarios): en el libro noveno, o en el undécimo, no estoy seguro, Eneas desciende a los Campos Elíseos, más allá de las Columnas de Hércules: conversa con las grandes sombras de Aquiles, de Tiresias; ve la sombra de su madre, quiere abrazarla pero no puede porque está hecha de sombra; y ve, además, la futura grandeza de la ciudad que él fundará. Ve a Rómulo, a Remo, el campo y, en ese campo, ve al futuro Foro Romano, la futura grandeza de Roma, la grandeza de Augusto, ve toda la grandeza imperial. Y después de haber visto todo eso, después de haber conversado con sus contemporáneos, que son gente futura para Eneas, Eneas vuelve a la tierra. Entonces ocurre lo curioso, lo que no ha sido bien explicado, salvo por un comentador anónimo que creo que ha dado con la verdad. Eneas vuelve por la puerta de marfil y no por la de cuerno. ¿Por qué? El comentador nos dice por qué: porque realmente no estamos en la realidad. Para Virgilio, el mundo verdadero era posiblemente el mundo platónico, el mundo de los arquetipos. Eneas pasa por la puerta de marfil porque entra en el mundo de los sueños —es decir, en lo que llamamos vigilia.
Bueno, todo esto puede ser.
Ahora llegamos a la especie, a la pesadilla. No será inútil recordar los nombres de la pesadilla.
El nombre español no es demasiado venturoso: el diminutivo parece quitarle fuerza. En otras lenguas los nombres son más fuertes. En griego la palabra es efialtes: Enaltes es el demonio que inspira la pesadilla. En latín tenemos el incubus. El íncubo es el demonio que oprime al durmiente y le inspira la pesadilla. En alemán tenemos una palabra muy curiosa: Alp, que vendría a significar el elfo y la opresión del elfo, la misma idea de un demonio que inspira la pesadilla. Y hay un cuadro, un cuadro que De Quincey, uno de los grandes soñadores de pesadillas de la literatura, vio. Un cuadro de Fussele o Füssli (era su verdadero nombre, pintor suizo del siglo dieciocho) que se llama The Nightmare, La pesadilla. Una muchacha está acostada. Se despierta y se aterra porque ve que sobre su vientre se ha acostado un monstruo que es pequeño, negro y maligno. Ese monstruo es la pesadilla. Cuando Füssli pintó ese cuadro estaba pensando en la palabra Alp, en la opresión del elfo.
Llegamos ahora a la palabra más sabia y ambigua, el nombre inglés de la pesadilla: the nightmare, que significa para nosotros “la yegua de la noche”. Shakespeare la entendió así. Hay un verso suyo que dice “I met the night mare”, “me encontré con la yegua de la noche”. Se ve que la concibe como una yegua. Hay otro poema que ya dice deliberadamente “the nightmare and her nine foals”, “la pesadilla y sus nueve potrillos”, donde la ve como una yegua también.
Pero según los etimólogos la raíz es distinta. La raíz sería niht mare o niht maere, el demonio de la noche. El doctor Johnson, en su famoso diccionario, dice que esto corresponde a la mitología nórdica —a la mitología sajona, diríamos nosotros—, que ve a la pesadilla como producida por un demonio; lo cual haría juego, o sería una traducción, quizá, del efialtes griego o del incubus latino.
Hay otra interpretación que puede servirnos y que haría que esa palabra inglesa nightmare estuviese relacionada con Märchen, en alemán. Märchen quiere decir fábula, cuento de hadas, ficción; luego, nightmare sería la ficción de la noche. Ahora bien, el hecho de concebir nightmare como “la yegua de la noche” (hay algo de terrible en lo de “yegua de la noche”), fue como un don para Víctor Hugo. Hugo dominaba el inglés y escribió un libro demasiado olvidado sobre Shakespeare. En uno de sus poemas, que está en Les contemplations, creo, habla de “le cheval noir de la nuit”, “el caballo negro de la noche”, la pesadilla. Sin duda estaba pensando en la palabra inglesa nightmare.
Ya que hemos visto estas diversas etimologías, tenemos en francés la palabra cauchemar, vinculada, sin duda, con la nightmare del inglés. En todas ellas hay una idea (voy a volver sobre ellas) de origen demoníaco, la idea de un demonio que causa la pesadilla. Creo que no se trata simplemente de una superstición: creo que puede haber —y estoy hablando con toda ingenuidad y toda sinceridad—, algo verdadero en este concepto.
Entremos en la pesadilla, en las pesadillas. Las mías son siempre las mismas. Yo diría que tengo dos pesadillas que pueden llegar a confundirse. Tengo la pesadilla del laberinto y esto se debe, en parte, a un grabado en acero que vi en un libro francés cuando era chico. En ese grabado estaban las siete maravillas del mundo y entre ellas el laberinto de Creta. El laberinto era un gran anfiteatro, un anfiteatro muy alto (y esto se veía porque era más alto que los cipreses y que los hombres a su alrededor). En ese edificio cerrado, ominosamente cerrado, había grietas. Yo creía (o creo ahora haber creído) cuando era chico, que si tuviera una lupa lo suficientemente fuerte podría ver, mirar por una de las grietas del grabado, al Minotauro en el terrible centro del laberinto.

Mi otra pesadilla es la del espejo. No son distintas, ya que bastan dos espejos opuestos para construir un laberinto. Recuerdo haber visto en la casa de Dora de Alvear, en Belgrano, una habitación circular cuyas paredes y puertas eran de espejo, de modo que quien entraba en esa habitación estaba en el centro de un laberinto realmente infinito.
Siempre sueño con laberintos o con espejos. En el sueño del espejo aparece otra visión, otro terror de mis noches, que es la idea de las máscaras. Siempre las máscaras me dieron miedo. Sin duda sentí en la infancia que si alguien usaba una máscara estaba ocultando algo horrible. A veces (éstas son mis pesadillas más terribles) me veo reflejado en un espejo, pero me veo reflejado con una máscara. Tengo miedo de arrancar la máscara porque tengo miedo de ver mi verdadero rostro, que imagino atroz. Ahí puede estar la lepra o el mal o algo más terrible que cualquier imaginación mía.
Un rasgo curioso en mis pesadillas, no sé si ustedes lo comparten conmigo, es que tienen una topografía exacta. Yo, por ejemplo, siempre sueño con esquinas determinadas de Buenos Aires. Tengo la esquina de Laprida y Arenales o la de Balcarce y Chile. Sé exactamente dónde estoy y sé que debo dirigirme a algún lugar lejano. Estos lugares en el sueño tienen una topografía precisa pero son completamente distintos. Pueden ser desfiladeros, pueden ser ciénagas, pueden ser junglas, eso no importa: yo sé que estoy exactamente en tal esquina de Buenos Aires. Trato de encontrar mi camino.
Como quiera que sea, en las pesadillas lo importante no son las imágenes. Lo importante, como Coleridge —decididamente estoy citando a los poetas— descubrió, es la impresión que producen los sueños. Las imágenes son lo de menos, son efectos. Ya dije al principio que había leído muchos tratados de psicología en los que no encontré textos de poetas, que son singularmente iluminativos.
Veamos uno de Petronio. Una línea de Petronio citada por Addison. Dice que el alma, cuando está libre de la carga del cuerpo, juega. “El alma, sin el cuerpo, juega.” Por su parte, Góngora, en un soneto, expresa con exactitud la idea de que los sueños y la pesadilla, desde luego, son ficciones, son creaciones literarias:

El sueño, autor de representaciones,
en su teatro sobre el viento armado
sombras suele vestir de bulto bello.

El sueño es una representación. La idea la retomó Addison a principios del siglo dieciocho en un excelente artículo publicado en la revista The Expectator.
He citado a Thomas Browne. Dice que los sueños nos dan una idea de la excelencia del alma, ya que el alma está libre del cuerpo y da en jugar y soñar. Cree que el alma goza de libertad. Y Addison dice que, efectivamente, el alma, cuando está libre de la traba del cuerpo, imagina, y puede imaginar con una facilidad que no suele tener en la vigilia. Agrega que de todas las operaciones del alma (de la mente, diríamos ahora, ahora no usamos la palabra alma), la más difícil es la invención. Sin embargo, en el sueño inventamos de un modo tan rápido que equivocamos nuestro pensamiento con lo que estamos inventando.
Soñamos leer un libro y la verdad es que estamos inventando cada una de las palabras del libro, pero no nos damos cuenta y lo tomamos por ajeno. He notado en muchos sueños ese trabajo previo, digamos, ese trabajo de preparación de las cosas.

Recuerdo cierta pesadilla que tuve. Ocurrió, lo sé, en la calle Serrano, creo que en Serrano y Soler, salvo que no parecía Serrano y Soler, el paisaje era muy distinto: pero yo sabía que era en la vieja calle Serrano, de Paler-mo. Me encontraba con un amigo, un amigo que ignoro: lo veía y estaba muy cambiado. Yo nunca había visto su cara pero sabía que su cara no podía ser ésa. Estaba muy cambiado, muy triste. Su rostro estaba cruzado por la pesadumbre, por la enfermedad, quizá por la culpa. Tenía la mano derecha dentro del saco (esto es importante para el sueño). No podía verle la mano, que ocultaba del lado del corazón. Entonces lo abracé, sentí que necesitaba que lo ayudara: “Pero, mi pobre Fulano, ¿qué te ha pasado? ¡Qué cambiado estás!” Me respondió: “Sí, estoy muy cambiado”. Lentamente fue sacando la mano. Pude ver que era la garra de un pájaro.

Lo extraño es que desde el principio el hombre tenía la mano escondida. Sin saberlo, yo había preparado esa invención: que el hombre tuviera una garra de pájaro y que viera lo terrible del cambio, lo terrible de su desdicha, ya que estaba convirtiéndose en un pájaro. También ocurre en los sueños: nos preguntan algo y no sabemos qué contestar, nos dan la respuesta y quedamos atónitos. La contestación puede ser absurda, pero es exacta en el sueño. Todo lo habíamos preparado. Llego a la conclusión, ignoro si es científica, de que los sueños son la actividad estética más antigua.

Sabemos que los animales sueñan. Hay versos latinos en los que se habla del lebrel que ladra tras la liebre que persigue en sueños. Tendríamos en los sueños, pues, la más antigua de las actividades estéticas; muy curiosa porque es de orden dramático. Quiero agregar lo que dice Addison (confirmando, sin saberlo, a Góngora) sobre el sueño, autor de representaciones. Addison observa que en el sueño somos el teatro, el auditorio, los actores, el argumento, las palabras que oímos. Todo lo hacemos de modo inconsciente y todo tiene una vividez que no suele tener en la realidad. Hay personas que tienen sueños débiles, inseguros (al menos, así me lo dicen). Mis sueños son muy vividos.
Volvamos a Coleridge. Dice que no importa lo que soñamos, que el sueño busca explicaciones. Toma un ejemplo: aparece un león aquí y todos sentimos miedo: el miedo ha sido causado por la imagen del león. O bien: estoy acostado, me despierto, veo que un animal está sentado encima de mí, y siento miedo. Pero en el sueño puede ocurrir lo contrario. Podemos sentir la opresión y ésta busca una explicación. Entonces yo, absurdamente, pero vividamente, sueño que una esfinge se me ha acostado encima. La esfinge no es la causa del terror, es una explicación de la opresión sentida. Coleridge agrega que personas a las que se ha asustado con un falso fantasma se han vuelto locas. En cambio, una persona que sueña con un fantasma, se despierta y al cabo de algunos minutos, o algunos segundos, puede recuperar la tranquilidad.
Yo he tenido —y tengo— muchas pesadillas. A la más terrible, la que me pareció la más terrible, la usé para un soneto. Fue así: yo estaba en mi habitación; amanecía (posiblemente ésa era la hora en el sueño), y al pie de la cama estaba un rey, un rey muy antiguo, y yo sabía en el sueño que ese rey era un rey del Norte, de Noruega. No me miraba: fijaba su mirada ciega en el cielorraso. Yo sabía que era un rey muy antiguo porque su cara era imposible ahora. Entonces sentí el terror de esa presencia. Veía al rey, veía su espada, veía su perro. Al cabo, desperté. Pero seguí viendo al rey durante un rato, porque me había impresionado. Referido, mi sueño es nada; soñado, fue terrible.
Quiero referirles una pesadilla que en estos días me contó Susana Bomba!. No sé si contada tendrá efecto; posiblemente, no. Ella soñó que estaba en una habitación abovedada, la parte superior en tinieblas. De la tiniebla caía una tela negra deshilacliada. Ella tenía en la mano unas tijeras grandes, algo incómodas. Tenía que cortar las hilachas que pendían de la tela y que eran muchas. Lo que ella veía abarcaría un metro y medio de ancho y un metro y medio de largo, y luego se perdía en las tinieblas superiores. Cortaba y sabía que nunca llegaría al fin. Y tuvo la sensación de horror que es la pesadilla, porque la pesadilla es, ante todo, la sensación del horror.

He contado dos pesadillas verdaderas y ahora voy a contar dos pesadillas de la literatura, que posiblemente fueron verdaderas también. En la conferencia anterior hablé de Dante, me referí al nobile castello del Infierno. Refiere Dante cómo él, guiado por Virgilio, llega al primer círculo y ve que Virgilio palidece. Piensa: si Virgilio palidece al entrar al Infierno, que es su morada eterna, ¿cómo no he yo de sentir miedo? Se lo dice a Virgilio, que está aterrado. Pero Virgilio lo urge: “Yo iré delante”. Entonces llegan, y llegan inesperadamente, porque se oyen, además, infinitos ayes; pero ayes que no son de dolor físico, son ayes que significan algo más grave.

Llegan a un noble castillo, a un nobile castello. Está ceñido por siete murallas que pueden ser las siete artes liberales del trivium y del cuadrivium o las siete virtudes; no importa. Posiblemente, Dante sintió que la cifra era mágica. Bastaba con esa cifra que tendría, sin duda, muchas justificaciones. Se habla asimismo de un arroyo que desaparece y de un fresco prado, que también desaparece. Cuando se acercan, lo que ven es esmalte. Ven, no el pasto, que es una cosa viva, sino una cosa muerta. Avanzan hacia ellos cuatro sombras, que son las sombras de los grandes poetas de la Antigüedad. Ahí está Homero, espada en mano; ahí esta Ovidio, está Lucano, está Horacio. Virgilio le dice que salude a Homero, a quien Dante tanto reverenció y nunca leyó. Y le dice: honorate l’altissimo poeta. Homero avanza, espada en mano, y admite a Dante como el sexto en su compañía. Dante, que no ha escrito todavía la Comedia, porque la está escribiendo en ese momento, se sabe capaz de escribirla.
Después le dicen cosas que no conviene repetir. Podemos pensar en un pudor del florentino, pero creo que hay una razón más honda. Habla de quienes habitan el noble castillo: allí están las grandes sombras de los paganos, de los musulmanes también: todos hablan lenta y suavemente, tienen rostros de gran autoridad, pero están privados de Dios. Ahí está la ausencia de Dios, ellos saben que están condenados a ese eterno castillo, a ese castillo eterno y decoroso, pero terrible.

Está Aristóteles, el maestro de quienes saben. Están los filósofos presocráticos, está Platón, está también, solo y aparte, el gran sultán Saladino. Están todos aquellos grandes paganos que no pudieron ser salvados porque les faltaba el bautismo, que no pudieron ser salvados por Cristo, de quien Virgilio habla pero a quien no puede nombrar en el Infierno: lo llama un poderoso. Podríamos pensar que Dante no había descubierto aún su talento dramático, no sabía aún que podía hacer hablar a sus personajes. Podríamos lamentar que Dante no nos repita las grandes palabras, sin duda dignas, que Homero, esa gran sombra, le dijo con la espada en la mano. Pero también podemos sentir que Dante comprendió que era mejor que todo fuera silencioso, que todo fuera terrible en el castillo. Hablan con las grandes sombras. Dante las enumera: habla de Séneca, de Platón, de Aristóteles, de Saladino, de Averroes. Los menciona y no hemos oído una sola palabra. Es mejor que así sea.

Yo diría que si pensamos en el Infierno, el infierno no es una pesadilla; es simplemente una cámara de tortura. Ocurren cosas atroces, pero no hay el ambiente de pesadilla que hay en el “noble castillo”. Eso lo ofrece Dante, quizá por primera vez en la literatura.
Hay otro ejemplo, que fue elogiado por De Quincey. Está en el libro segundo de The Prelude, de Wordsworth. Dice Wordsworth que estaba preocupado —esta preocupación es rara, si pensamos que escribía a principios del siglo diecinueve— por el peligro que corrían las artes y las ciencias, que estaban a merced de un cataclismo cósmico cualquiera. En aquel tiempo no se pensaba en esos cataclismos; ahora podemos pensar que toda la obra de la humanidad, la humanidad misma, puede ser destruida en cualquier momento. Pensamos en la bomba atómica. Bien; Wordsworth cuenta que conversó con un amigo. Pensó: ¡que horror, qué horror pensar que las grandes obras de la humanidad, que las ciencias, que las artes estén a merced de un cataclismo cósmico cualquiera! El amigo le confiesa que también él ha sentido ese temor. Y Wordsworth le dice: he soñado eso...

Y ahora viene el sueño que me parece la perfección de la pesadilla, porque ahí están los dos elementos de la pesadilla: episodios de malestares físicos, de una persecución, y el elemento del horror, de lo sobrenatural. Wordsworth nos dice que estaba en una gruta frente al mar, que era la hora del mediodía, que estaba leyendo en el Quijote, uno de sus libros preferidos, las aventuras del caballero andante que Cervantes historia. No lo menciona directamente, pero ya sabemos de quién se trata. Agrega: “Dejé el libro, me puse a pensar; pensé, precisamente, en el tema de las ciencias y las artes y luego llegó la hora.” La poderosa hora del mediodía, del bochorno del mediodía, en que Wordsworth, sentado en su gruta frente al mar (alrededor están la playa, las arenas amarillas), recuerda: “El sueño se apoderó de mí y entré en el sueño”.

Se ha quedado dormido en la gruta, frente al mar, entre las arenas doradas de la playa. En el sueño lo cerca la arena, un Sahara de arena negra. No hay agua, no hay mar. Está en el centro del desierto —en el desierto se está siempre en el centro— y está horrorizado pensando qué puede hacer para huir del desierto, cuando ve que a su lado hay alguien. Extrañamente, es un árabe de la tribu de los beduinos, que cabalga sobre un camello y tiene en la mano derecha una lanza. Bajo el brazo izquierdo tiene una piedra; y en la mano un caracol. El árabe le dice que su misión es salvar las artes y las ciencias y le acerca el caracol al oído; el caracol es de extraordinaria belleza. Wordsworth (“en un idioma que yo no conocía pero que entendí”) nos dice que oyó la profecía: una suerte de oda apasionada, profetizando que la Tierra estaba a punto de ser destruida por el diluvio que la ira de Dios envía. El árabe le dice que es verdad, que el diluvio se acerca, pero que él tiene una misión: salvar el arte y las ciencias. Le muestra la piedra. Y la piedra es, curiosamente, la Geometría de Euclides, sin dejar de ser una piedra. Luego le acerca el caracol, y el caracol es también un libro: es el que le ha dicho esas cosas terribles. El caracol es, además, toda la poesía del mundo, incluso, ¿por qué no?, el poema de Wordsworth. El beduino le dice: “Tengo que salvar estas dos cosas, la piedra y el caracol, ambos libros”. Vuelve hacia atrás la cara y hay un momento en que ve Wordsworth que el rostro del beduino cambia, se llena de horror. Él también mira hacia atrás y ve una gran luz, una luz que ya ha inundado la mitad del desierto. Es la de las aguas del diluvio que va a destruir la Tierra. El beduino se aleja y 
Wordsworth ve que el beduino también es Don Quijote y el camello también es Rocinante, y que de igual modo que la piedra es un libro y el caracol un libro, el beduino es Don Quijote y no es ninguna de las dos cosas y las dos cosas a un tiempo. 


Esta dualidad corresponde al horror del sueño. Wordsworth, en ese momento, despierta en un grito de terror, porque las aguas ya lo alcanzan. Creo que esta pesadilla es una de las más hermosas de la literatura. Podemos derivar dos conclusiones, al menos durante el transcurso de esta noche; ya después cambiará nuestra opinión. La primera es que los sueños son una obra estética, quizá la expresión estética más antigua. Torna una forma extrañamente dramática, ya que somos, como dijo Addison, el teatro, el espectador, los actores, la fábula. La segunda se refiere al horror de la pesadilla. 

Nuestra vigilia abunda en momentos terribles: todos sabemos que hay momentos en que nos abruma la realidad. Ha muerto una persona querida, una persona querida nos ha dejado, son tantos los motivos de tristeza, de desesperación... Sin embargo, esos motivos no se parecen a la pesadilla; la pesadilla tiene un horror peculiar y ese horror peculiar puede expresarse mediante cualquier fábula. Puede expresarse mediante el beduino que también es Don Quijote en Wordsworth; mediante las tijeras y las hilachas, mediante mi sueño del rey, mediante las pesadillas famosas de Poe. Pero hay algo: es el sabor de la pesadilla. En los tratados que he consultado no se habla de ese horror.
Aquí tendríamos la posibilidad de una interpretación teológica, lo que vendría a estar de acuerdo con la etimología. Tomo cualquiera de las palabras: digamos, incubus, latina, o nightmare, sajona, o Alp, alemana. 

Todas sugierean algo sobrenatural. Pues bien. ¿Y si las pesadillas fueran estrictamente sobrenaturales?¿Si las pesadillas fueran grietas del infierno? ¿Si en las pesadillas estuviéramos literalmente en el infierno?¿Por qué no? Todo es tan raro que aun eso es posible.


Siete Noches (1980), en Obras completas, tomo III
Buenos Aires,  2000
Foto: Paulina Lavista

Fuente:Publicado en Ignoria Biblioteca hogar
 http://bibliotecaignoria.blogspot.com/2007/04/borges-jorge-luis-siete-noches-noche.html

15 de abril de 2007 por Isaías Garde ·

martes, 22 de abril de 2014

Lecturas voraces:Emma Barrandeguy-Salvadora


En dos días he terminado de leer la obra: "Salvadora,una mujer de Crítica" de la autora entrerriana Emma Barrandeguy, otro regalo de Laura Erpen a quien agradezco infinitamente.



Una apasionante biografía de Salvadora Carmen Medina Onrubia, poeta, dramaturga, anarquista y uno de los prototipos feministas de los años '30 en Argentina y el mundo.

Fue la mujer de Natalio Botana, el creador del diario "Crítica" fundado en 1925 y, que marcó un cambio revolucionario en el quehacer de la prensa de ese entonces y que representa en la historia del periodismo argentino a uno de sus más destacados y talentosos periodistas.

A la muerte de Botana,"Crítica " queda a cargo de la escritora y periodista Salvadora Carmen Medina Onrubia.



Salvadora había nacido en 1894 en la Plata y, con sólo 16 años ya se desempeña como maestra rural en Entre Ríos y comienza a ejercer el periodismo en el Diario de Gualeguay. 

La tierra natal de su amiga- biógrafa y de Juan L.Ortiz quien solía recordar en su casa de Paraná, en la bajada de calle Buenos Aires a la vista del río, entre muchos otros a Salvadora,como “la hermana mayor” y, que aparece como en un altar en alguno de sus poemas.

Juanele contaba  que "era altruista y generosa sin límites con los escritores entrerrianos que iban a probar fortuna a Buenos Aires, cuando después de la muerte de su marido, Natalio Botana, se encargó de la dirección del diario Crítica, por entonces avanzada del periodismo argentino".(1)

Es que Salvadora regresa a Buenos Aires en 1914 y desde alli se escribe cartas con Emma ,le envía de regalo un libro de Mabel Collins:"Luz de sendero".

A los 14 años,relata Emma le manifiesta su deseo de ir a Buenos Aires a lo que Salvadora responde invitándola inmediatamente a que se hospede tanto en  su casa de calle Juncal como en la casona de la  quinta de Don Torcuato.

Emma de a poco nos va acercar a Salvadora en retratos muy íntimos de su personalidad, sus ideas, la vida que llevaba con su marido ,sus hijos,amigos y colaboradores.

Es que Emma pasa a ser su secretaria ,asistente, compañía,  testigo y confidente de la Venus de rojo como se la conocía a Salvadora.
Desde allí ,desde ese lugar es que el relato biográfico cobra tanto un delicado tono intimista, afectuoso como testimonial.



Una biografía contada desde el entrañable vínculo que existió entre las dos mujeres,relatada desde la observación sagaz que guardó Emma en su memoria de cuanto pudo ver,oir y sentir junto a una de las mujeres más relevantes de la política, el ámbito cultural y social porteño por aquellos años en duró toda su labor como secretaria privada de Salvadora y su trabajo como archivista y redactora en el diario Crítica.
A sus evocaciones se suman documentos,fotos,fuentes, citas,frases escuchadas de su marido,de sus hijos, amigos,enemigos.

Se incluyen varios testimonios transcriptos como la célebre carta que Salvadora le envía al general Uriburu a raíz de que éste clausurara el diario y encarcelara al matrimonio Botana en 1931.

Un grupo de intelectuales le había solicitado a Uriburu su "magnanimidad" por su "triple condición de mujer, poeta y madre". Pero ella no estuvo de acuerdo  y desde la cárcel le manifestó su desprecio al policía con una carta que Barrandeguy agrega en la obra y que da cuenta del carácter y personalidad de Salvadora.
"Carta al general Uriburu, Cárcel del Buen Pastor, julio 5 de 1931
Gral. Uriburu, acabo de enterarme del petitorio presentado al gobierno provisional pidiendo magnanimidad para mí. Agradezco a mis compañeros de letras su leal y humanitario gesto; reconozco el valor moral que han demostrado en este momento de cobardía colectiva al atreverse por mi piedad a desafiar sus tonantes iras de Júpiter doméstico. Pero no autorizo el piadoso pedido ... Magnanimidad implica perdón de una falta. Y yo ni recuerdo faltas ni necesito magnanimidades.
Señor general Uriburu, yo sé sufrir. Sé sufrir con serenidad y con inteligencia. Y desde ya lo autorizo que se ensañe conmigo si eso le hace sentirse más general y más presidente. Entre todas esas cosas defectuosas y subversivas en que yo creo, hay una que se llama karma, no es un explosivo, es una ley cíclica. Esta creencia me hace ver el momento por que pasa mi país como una cosa inevitable, fatal, pero necesaria para despertar en los argentinos un sentido de moral cívica dormido en ello. Y en cuanto a mi encierro: es una prueba espiritual más y no la más dura de las que mi destino es una larga cadena. Soporto con todo mi valor la mayor injuria y la mayor vergüenza con que puede azotarse a una mujer pura y me siento por ello como ennoblecida y dignificada. Soy, en este momento, como un símbolo de mi Patria. Soy en mi carne la Argentina misma, y los pueblos no piden magnanimidad.
En este innoble rincón donde su fantasía conspiradora me ha encerrado, me siento más grande y más fuerte que Ud., que desde la silla donde los grandes hombres gestaron la Nación, dedica sus heroicas energías de militar argentino a asolar hogares respetables y a denigrar e infamar una mujer ante los ojos de sus hijos ... y eso que tengo la vaga sospecha de que Ud. debió salir de algún hogar y debió también tener una madre. Pero yo sé bien que ante los verdaderos hombres y ante todos los seres dignos de mi país y del mundo, en este inverosímil asunto de los dos, el degradado y envilecido es Ud. y que usted, por enceguecido que esté, debe saber eso tan bien como yo.
General Uriburu, guárdese sus magnanimidades junto a sus iras y sienta como, desde este rincón de miseria, le cruzo la cara con todo mi desprecio."(pág.91)
La lectura de esta obra me resultó fascinante,no sólo por el hecho de conocer a través de la autora a Salvadora Onrubia en sus más íntimos secretos sino por quedar sorprendida por la reconstrucción de una vida a través de una escritura biográfica polifacética en recursos y el referenciar  un contexto social,cultural y político tratado, a mi parecer, con la más cuidada objetividad que pudo haberse impuesto Barrandeguy (o no), pero así se lo percibe al concluir el libro.

(1)Fuente:www.aimdigital.com.ar/2013/04/27/mujeres-argentinas-salvadora-medina-onrubia/



Salvadora Medina Onrubia



 Emma Barrandeguy
 La autora de "Salvadora,una mujer de Crítica"
(reproduzco parte de una biografía por Marcelo Leites, Concordia, 25.01.10, para "El Diario" de Paraná, publicado el 02.02.10
“Por amor al nombre”, de Marcelo Leites

Emma Barrandéguy nació en nuestra mítica Gualeguay, el 8 de marzo de 1914. Fue maestra, aunque no ejerció la docencia, salvo a través de clases particulares. También fue periodista del diario La Verdad de Gualeguaychú.
En 1937 se estableció en forma permanente en Buenos Aires, donde trabajó en el diario Crítica, como archivista y redactora, entre 1938 y 1956, gracias a la convocatoria de Salvadora Onrubia de Botana, de quien posteriormente se convertiría en Secretaria privada. Además trabajó para el Instituto del Cáncer, fue traductora para las editoriales de El Ateneo y Emecé, vendió alhajas, publicó artículos sobre astrología y comenzó la carrera de Filosofía, a los 50 años.
Vivió durante un tiempo alternando quincenas en Gualeguay y en Buenos Aires, hasta que a mediados de los ochenta, se estableció definitivamente en la provincia. Durante casi veinte años dirigió la página cultural de El Debate- Pregón, el diario de Gualeguay. Obtuvo en dos ocasiones el premio Fray Mocho, la mayor distinción otorgada por el gobierno de Entre Ríos a la literatura: en 1970, por la obra teatral "Amor saca amor", y en 1984, por la novela "Crónicas de medio siglo". Murió de cáncer, en su ciudad natal, el 19 de diciembre de 2006.

Fue una marginal, una disidente, una mujer que se rebeló frente a la hipocresía de las instituciones y costumbres, frente a la ruindad del mundillo provinciano. Difícilmente pueda encontrarse otro caso similar dentro de la ya vasta historia de la literatura entrerriana: gradualmente Emma se fue quitando todas las máscaras hasta quedar completamente desnuda, cosa que sucede hacia el final de su vida, cuando decide publicar su obra HABITACIONES, en el año 2002, libro escrito, sin embargo, a fines de 1950. (...)
Marcelo Leites, Concordia, 25.01.10, para "El Diario" de Paraná, publicado en 02.02.10

Estoy recopilando material: notas,entrevistas ,críticas, obras, autores y escritoras que trataron la vida y obra literaria de esta mujer, Salvadora Medina Onrubia.
Un ser  que continúa presente y sigue hoy en otras voces que la refutan , niegan ,contradicen como en su tiempo o intentan recuperarla  y redimirla.
Salvar a Salvadora.
Tal es el caso de su nuera ,Alicia Villoldo de Botana

(...)
"¿Por qué se ha tardado tantísimos años en otorgarle a Salvadora Medina el lugar que le reconocía su secretaria, la poeta Emma Barrandeguy (Salvadora Medina Onrubia: Una mujer de “Crítica”, Vinciguerra, 1990), junto a Alfonsina Storni y Victoria Ocampo? Hubo un momento en Argentina (1924/25) en que las tres publican simultáneamente: De Francesca a Beatrice, de Ocampo; Akasha, de Medina Onrubia; y Ocre, el libro más original de Storni. Si la erudición de Ocampo era aristocrática y elitista y las sublimes imágenes de Alfonsina nacían de su talento poético, es Salvadora quien consigue trascender a la escena desde donde se burlará del pudor que la época exigía a la mujer. Consigue transmitir, retratándose en su dramaturgia con irónica inteligencia y osada valentía, el ideario político y social que sostendrá a lo largo de su existencia."(...)
"Salvadora no se termina ni con la dolorosa desaparición de su hijo mayor ni con el fallecimiento de su marido ni con la expropiación de su diario ni con la pérdida absoluta de sus bienes materiales. Salvadora continúa viviendo sus karmas, escribiendo, amando a sus nietos y sobrinas, discutiendo con sus hijos y profundizando los estudios de teosofía con notables talento y energía"
Alicia Villoldo Botana, mujer de Jaime (a)Tito Botana 

EN EL CENTRO, LA DESCENTRADA, Suplemento Página 12 (2012-01-20) 

pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/

 






lunes, 14 de abril de 2014

Adiós Alfredo



Cuando lo supe,escuché, leí la noticia:

"Falleció en la madrugada del 11 de abril el actor Alfredo Alcón "

Quedé muy consternada.
Han pasado sólo tres días y aún estoy acongojada por esta gran pérdida para el teatro, el cine , el arte argentino y universal.

Qué más decir de todo el caudal inmenso de tinta escrita en la prensa, revistas, medios gráficos y virtuales.

Se fue un gigante de la escena nacional, un actor de raza, talentosísimo, sencillo, humilde,solidario con las causas sociales; me falta ver algunas de las tantas películas que protagonizó;no pude llegar a verlo en el teatro como hubiera deseado; no se dio.

El respeto que infundía entre sus colegas, los periodistas, los medios es reconocido por todos.

La última obra que dirigió y protagonizó fue Final de Partida, de Samuel Beckett, junto a Joaquín Furriel, en 2013.




La obra gira en torno a la degradación y repetición a través del tiempo, la certeza y a la vez la incertidumbre que la muerte trae aparejadas, y la vacuidad y el desmoronamiento del mundo.

“Si yo me diera cuenta de que hace mucho que trabajo y hace ya mucho que vivo, tal vez estaría cansado. Pero uno no se da cuenta”

Eso había dicho Alfredo Alcón en una de tantas entrevistas cuando se acercaba el final de sus días.

Siempre miro "Otra Trama"por la Televisión Pública que conduce Osvaldo Quiroga y hace un año,el 07 de abril del 2013 entrevistaba al gran actor argentino Alfredo Alcón sobre la obra de teatro, la cual protagonizó y dirigió, "Final de partida de Samuel Beckett.

Les sugiero (para no ser exagerada y decir "les ruego") verla.






He leído notas actuales, de otras èpocas, he recopilado y lo seguirè realizando para la página de Vorax Lectora en Facebook cientos de fotos,videos, artículos, reseñas, como un modo de homenaje y para tenerlo aquí en este espacio virtual y compartirlo con ustedes.


Una gran tristeza aún me invade y ya lo empezamos a extrañar eternamente.



En una entrevista en el Blog www.carlosianni.com.ar/le preguntan: con respecto de los personajes de las obras clásicas ,sobre todo las de Shakespeare que tanto protagonizó :

-¿le queda algún registro físico a la hora de evocar los personajes que hizo?

Y Alfredo contestó:

-"Lo que te queda son ejercicios de humillación...Con esos grandes textos, uno sabe que no va a llegar nunca. Lo que te queda es el recuerdo de cuánto te humillaste, de cómo no se te ocurrió en aquel momento hacer tal o cual cosa. Son cosas tan vivas... 
¿Qué te queda, con el tiempo, de una persona con la que tuviste una gran intimidad? Te queda su impulso de vida... No sé si me explico.

Y estas obras son como meter el dedo en el enchufe, donde siempre se tiene la sensación de que se trata de un lugar más vivo que uno.

Vos y yo nos vamos a morir y no se va a acordar nadie. En cambio, dentro de quinientos años, mientras haya un mundo más o menos parecido al que vivimos, Hamlet o cualquiera de esos grandes personajes, se van seguir haciendo. Son textos que te enfrentan con un hecho vivo".-


Fuente:/www.carlosianni.com.ar/

Una gran tristeza aún me invade.

Para recorrer el álbum en Vorax Lectora en Facebook ir a:
Alfredo Alcón en Vorax Lectora Facebook

viernes, 4 de abril de 2014

Ladrilleros

No es novedad que soy una seguidora fiel de "Leer es un placer",el programa de radio que conduce Natu Poblet, librera de herencia cuya librerìa Cásica y Moderna es una de las más destacadas en el centro de Buenos Aires y la que deseo fervientemente visitar cuando el tiempo me lo permita.

Tampoco es desconocida la repercusión que ha tenido la escritora entrerriana Selva Almada ,primeramente con su libro El viento que arrasa",2012,Ed.Mardulce y luego con "Ladrilleros",obras que confieso, no he leìdo aunque he escuchado,visto y recorrido todas las reseñas, críticas,comentarios en diversos sitios en internet y otros medios con la deuda pendiente de lectura.

La intención de esta entrada es recordar aquel programa en el que estuvo Selva Almada hablando con Natu de esta novela y con las lecturas excelentes que realiza Carlos Clèrici del comienzo de "Ladrilleros" y otros pasajes.

Natu casi que en el fragor y pasiòn lectora cuenta toda la trama loque hace totalmente invitadora y deseante la lectura del libro con los comentarios contextuales al estilo Poblet.

Debajo del audio se dejan algunos enlaces que recomiendo para conocer otros enfoques de crítica y sobre la autora.

Y además en esta intertexualidad permanente por la que nos atraviesa el mundo virtual a través de las redes sociales, hace poco me he comunicado con un fotógrafo uruguayo,Rafael Leites quien a su vez ha creado un grupo en facebook sobre el rescate de lugares, paisajes, objetos, oficios, y otras temáticas relacionadas con la historia de Paysandú,R.O.U y la proyección en el presente a travès de la fotografía.

Hoy rememorè inmediatamente este programa dedicado a "Ladrilleros" cuando ingresé  grupo y realicè un paseo por las fotos y al encontrame con las que se verán a continuación.

Invito a escuchar este programa y las lecturas de pasajes que comienzan a partir del minuto 21:10 aunque todo cobra verdaadero interès desde el inicio del mismo.

Selva Almada: Ladrilleros




Fuentes. Leer es un placer en facebook : facebook.com/pages/Leer-es-un-placer/
Leer es un placer Blog: leeresunplacer.com.ar
Canal de Leer es un placer en ivoox:  ivoox.com/podcast-leer-es-placer 

Leer es un placer, con la conducción de Natu Poblet y la participación de Carlos Clérici, es un programa radial esencialmente dedicado a la lectura de cuentos, poemas o fragmentos de novelas con el objeto de estimular en los oyentes el hábito de la lectura. El programa se completa con la presencia de escritores de nuestro país o extranjeros de paso por Buenos Aires, que tienen así la oportunidad de comentar sus propios textos.






Imágenes del programa Leer es un placer 







Y ahora las fotos de Rafael Leites  que me reconectaron con Ladrilleros :











Rafael Leites en facebook

Grupo Facebook Paysandú en Fotografías: www.facebook.com/groups/609222879168913/

jueves, 3 de abril de 2014

Zigmunt Bauman





Zygmunt Bauman, sociólogo y filosofo, es conocido por ser el creador del concepto de modernidad líquida.
Vivimos en tiempos de acelerados cambios socioculturales provocados en parte por el impacto transformador de las tecnologías digitales. Son tiempos líquidos y la educación requiere nuevos modelos para construir una identidad digital como sujetos con capacidad de sobrevivir y surfear en estas aguas turbulentas.(convergencia con Maristella Svampa en Identidades astilladas. De la patria metalúrgica al heavy metal, en cuanto al joven trabajador tribal: "revolotean" otras tribus, pero siempre dentro de un único universo social.)


En su libro "LOS RETOS DE LA EDUCACION EN LA MODERNIDAD LIQUIDA" Zigmunt Bauman parte de lo que llama el "síndrome de la impaciencia", un estado de ánimo que considera como abominable el gasto del tiempo. Así, el consumismo característico de estos tiempos no se define por la acumulación de las cosas, sino por el breve goce de éstas.
Desde esta visión se ve a la educación como un producto, más que como un proceso. Así la educación parece abandonar la noción del conocimiento útil para toda la vida, para sustituirla por la noción del conocimiento de "usar y tirar".



Entrevista a Zygmunt Bauman, modernidad líquida y fragilidad Humana
La modernidad líquida-Como categoría Sociológica-is an Figura del Cambio y de la; transitoriedad, de la desregulación y liberalización de los Mercados. La Metáfora de la Liquidez-propuesta porción.



Filosofía 2.0- Zygmunt Bauman- Modernidad Líquida -Adolfo Vásquez Rocca

blip.tv/psicomagister/entrevista-a-zygmunt-bauman

Enlaces interesantes sobre Zygmunt Bauman
ZYGMUNT BAUMAN: MODERNIDAD LÍQUIDA Y GLOBALIZACION NUEVOS POBRES POR ADOLFO VÁSQUEZ ROCCA: aulavisual.comunidadviable.cl/

authorarchive.blogspot.com.ar

Los 7 locos: Entrevista a Juan Sasturain -


Poniéndome a dìa con Los 7 Locos , siempre es un gusto ver y escuchar la esntrevistas de Cristina Mucci

En este aso se nicia a lista con Sasturian hablando de La desaparición de Salvador en la novela  "Dudoso" Noriega, mítico bañero de la costa marplatense de los años 60, es el punto de partida para una ambiciosa novela poblada de personajes delirantes que configuran un muestrario de anécdotas disparatadas, donde Sasturain juega con lo que más sabe: historieta, policial, humor y un justo equilibrio entre ficción y realidad.

"Es una novela que comencé hace más de 20 años; la fui escribiendo por raptos, entre idas y venidas, con diferentes ritmos y en distintas situaciones de mi vida", contó el escritor sobre su décimo título, publicado por Sudamericana.

Y continuó: "El primer pedacito que publiqué fue en un suplemento cultural en 2001, y después tuve la suerte de laburar en Página/12 con un espacio semanal, donde me envicié y empecé a meter partes sin que nadie me diga nada".

"Aunque no parezca, cada parte está muy elaborada, es un cuidadoso desprolijo -definió el propio autor-. Pero tiene diferentes ritmos, se puede leer por porciones, por climas. De repente, me di el gusto de poner lo que se me cantaba, como, por ejemplo, un falso cuento de Piglia".

Además, ya bien entrada en la historia, aparece Echenique, el solitario detective que nació como folletín a principios de los 80, protagonista de varias novelas de Sasturain.

"La decisión de traer de vuelta Echenique no fue ni premeditada ni desesperada -explicó el autor-. Tiene que ver con la desaparición del `Dudoso`, el 30 de marzo del 73, ahí se vienen las hipótesis de todo tipo pero nadie hace nada. Años después, entonces, el hermano lo contrata a Echenique para que lo busque. De esa forma pude armar, envuelto por la novela, un relato policial".

Y en cuanto a las ilustraciones, a cargo de Diego Parés, el autor señaló: "me gustaba la idea de que junto al texto aparezca un objeto ilustrado; en todo lo que he escrito siempre algún dibujito aparece. Así me vino la idea de las figuritas que acompañan a la historia. La verdad que me divertí mucho escribiéndola".

Según De Santis, "la novela a secas se interna en el laberinto del mundo y la novela policial también, pero con la ilusión de que hay una salida. En todas las ficciones de Juan están los dos discursos, uno engloba al otro, y entre los dos hacen una novela total, gigantesca por su número de páginas pero también por las dimensiones de su mundo creativo".

"La novela -insistió-, hace una desmesurada mitología de Mar del Plata, con sus inviernos vacíos, playas populosas en verano, boliches misteriosos, historias de bañeros, donde un personaje lleva otro, como en una larga conversación. Todo está conectado con la memoria o el azar. Es un relato de la vida, con una voluntad de narrar todo".

Y siguió: "En la otra novela, la policial, aparece Echenique, personaje conocido de todos los lectores de Juan, por su incursión  en `Manual de perdedores` y después se acercó a la costa en `Arena en los zapatos`. Ahora viaja a Mar del Plata, pero no para tomarse vacaciones; llega tarde, ya empezada la historia, y se apura para registrar las huellas que dejan los muchos personajes".

"En `Dudoso Noriega` Juan hizo un acto de fidelidad a todas sus pasiones: el policial, el humor, la política, los personajes mínimos, el amor a la ciudad, la épica de los que no han nacido para la épica, pero también hay un extraordinario gusto por la desmesura que no estaba en sus libros anteriores", apuntó De Santis.

Por su parte, Chitarroni expresó que la novela "es un muestrario de la literatura argentina, entendida, también, en sus formas de expresión menos valoradas, como el folletín, la historieta, la acumulación de frases que son mucho más literales que las que un escritor puede inventar; es un rumor intermedio que avanza añadiendo elementos a la historia".

"Es una historia clandestina, submarina, de la Argentina. Es increíble que una novela tenga tantos registros en una aparente calma y con una decisión de tono tan maravillosa", remató.

  



sábado, 18 de enero de 2014

"Clitemnestra o el crimen"

 Clitemnestra vacila antes de matar a Agamenón dormido, 1817. París, Museo del Louvre.

Finalizada la guerra de Troya, Agamenón, jefe de tropas del ejército griego, vuelve a Argos triunfante. Al llegar al palacio de Micenas, su esposa Clitemnestra, luego de la cena de bienvenida, asesina a su marido y posteriormente mata a Casandra -princesa troyana que Agamenón había escogido como parte del botín, hija del derrotado rey Príamo y conocida por sus dotes de profetisa. Según La Orestíada (Esquilo, s. V a.c.), el rencor original de Clitemnestra surge del sacrificio de Ifigenia, hija de este matrimonio (además de Electra, Crisotemis y Orestes) quien había sido ofrecida por su padre en beneficio de los dioses para ganar Troya.


Clitemnestra nos remonta a los poemas homéricos.Reina del Peloponeso casada con Agamenón, el gallardo y soberbio general de los griegos o aqueos en el sitio de Troya("La Ilíada")

Marguerite Yourcenar, la primera mujer que fue elegida miembro de la Academia Francesa, escribió FUEGOS en 1935 y dio voz a quien no la tuvo.

En FUEGOS, Marguerite Yourcenar hace hincapié precisamente en los motivos que llevaron a sus personajes a cargar con la culpa. Y con el castigo.
Para referirnos al personaje de Clitemnestra citamos un extracto del blog  www.apocatastasis.com/ que nos describe a la protagonista.

"En la literatura griega, Clitemnestra, personaje protagónico de varias obras trágicas es una mujer que simboliza la pasión. Ciega de rabia porque su esposo sacrifica a la hija mayor de ambos, Ifigenia, para que los dioses favorecieran a los aqueos en la guerra toma como amante a Egisto, un primo joven de su marido, que por razones familiares, rivaliza con Agamenón. Cuando este último regresa de la guerra tras diez años de ausencia acompañado de su amante, Cassandra, la princesa troyana cautiva, hija del derrotado rey Príamo y conocida por sus dotes de profetisa, Clitemnestra decide vengarse. Con su amante, Egisto, deciden asesinar al recién llegado rey, Agamenón, a pesar de que todavía viven en el palacio micénico los tres hijos restantes de su boda real. Ellos son Electra, Crisotemis y Orestes quienes, sin lugar a dudas, se enteran del asesinato de su padre.

De acuerdo a las versiones literarias que nos han llegado hasta nuestros días, tanto en " la odisea" como en las tragedias griegas, Clitemnestra sigue gobernando como reina en Micenas junto a su amante. Sin embargo, el rencor profundo de su hija Electra, quién no perdona a la madre por su indecorosa conducta, por decir lo menos, espera la llegada de su hermano Orestes, quién fue enviado al extranjero después de la muerte de su padre para que éste mate a Clitemnestra y a su amante. De acuerdo a los documentos literarios antiguos de los helenos, Orestes cumplió con los deseos de su hermana al regresar ya adolescente al reino de Micenas. Se supone también que después de un cierto período de tiempo en el que es atormentado por las furias, los dioses del Olimpo se compadecen de su cruel destino y lo perdonan.

Margarite Yourcenar medita y profundiza largamente el personaje de Clitemnestra. Hay un hecho que ocurre en la vida de la reina micénica que no pasa inadvertido a la brillante escritora. ¿porqué la reina asesina y su amante nunca fueron enjuiciados y permanecieron en palacio de algún modo amparados por el silencio del pueblo."

Referencia: Marguerite Yourcenar, Clitemnestra o el Crimen 
© Apocatastasis: Literatura y Contenidos Seleccionados 


"Clitemnestra o el crimen"

Voy a explicarles señores jueces.... Tengo ante mí innumerables órbitas de ojos; líneas circulares de manos puestas en las rodillas, de pies descalzos descansando en la piedra, de pupilas fijas de donde mana la mirada, de bocas cerradas donde el silencio madura un juicio. Tengo ante mí audiencias de piedra. Maté a aquel hombre con un cuchillo, dentro de la bañera, con ayuda de mi miserable amante que ni siquiera era capaz de sujetarle los pies. Ya conocéis mi historia: no hay ninguno de vosotros que no la haya repetido veinte veces al acabar la copiosa comida, acompañada del bostezo de las sirvientas, ni una de vuestras mujeres que no haya soñado ser alguna vez Clitemnestra. Vuestros pensamientos criminales, vuestras ansias inconfesadas ruedan por los escalones y vienen a derramarse en mí, de suerte que una especie de horrible vaivén hace de vosotros mi conciencia y de mí vuestro grito.

Habéis acudido aquí para que la escena del asesinato se repita ante vuestros ojos un poco más rápidamente que en la realidad, pues os espera el hogar y la cena y sólo podéis dedicar unas cuantas horas a oírme llorar. Y en ese corto espacio de tiempo es preciso que no sólo mis actos, sino que también sus motivos estallen a plena luz, aun cuando para afirmarse han necesitado cuarenta años. Esperé a aquel hombre antes de que tuviera un nombre, un rostro, cuando aún no era sino mi lejana desgracia.

Busqué entre la multitud de los vivos a ese ser necesario a mis futuras delicias: miré a los hombres sólo como se mira a los transeúntes que pasan por la taquilla de una estación, para asegurarse que no son las personas que uno está esperando. Si mi nodriza me envolvió en pañales al salir de mi madre, fue para él; si aprendí a contar en la pizarra del colegio, fue para poder llevar las cuentas de su casa de hombre rico.

Para alfombrar el camino donde tal vez se posaría el pie del desconocido que haría de mí su sierva, tejí sábanas y estandartes de oro; de tanto afanarme, dejé caer de cuando en cuando en el blando tejido unas gotas de mi sangre. Mis padres me lo escogieron, y aunque él me hubiera raptado a espaldas de mi familia, yo hubiera seguido obedeciendo al deseo de mis padres, puestos que nuestros sueños de ellos provienen y el hombre que amamos es siempre aquel con quien sueñan nuestras abuelas. Le dejé sacrificar el porvenir de nuestros hijos a sus ambiciones de hombre: ni siquiera lloré cuando murió nuestra hija. Consentí en deshacerme en su destino como una fruta en una boca, para aportarle sólo una sensación de dulzura.

Señores jueces, vosotros lo conocisteis ya ajado por la gloria, envejecido por diez años de guerra, convertido en una especia de ídolo enorme desgastado por las caricias de las mujeres asiáticas, salpicado por el barro de las trincheras. Sólo yo estuve con él en su época de dios. Era muy dulce para mí llevarle, en una bandeja grande de cobre, el vaso de agua que derramaría en él sus reservas de frescor; era dulce para mí, en la ardiente cocina, prepararle los platos que colmaría su hambre y alimentarían su sangre. Era muy dulce para mí, entorpecida por el peso de la simiente humana, poner las manos sobre mi vientre hinchado donde fermentaban mis hijos. Por la noche, cuando volvía de la caza, yo me arrojaba con alegría sobre su pecho de oro.

Pero los hombres no están hechos para pasar toda la vida calentándose las manos al fuego del mismo hogar: partió hacia nuevas conquistas y me dejó allí, abandonada como una casa enorme y vacía que oye latir un inútil reloj. El tiempo pasado lejos de él se perdía, gota a gota o a chorros, como sangre desperdiciada, dejándome más pobre de porvenir cada día. Algunos soldados ebrios que venían con permiso me contaban la vida que él llevaba en los campamentos de la retaguardia. El ejército de oriente se hallaba infestado de mujeres: judías de Salónica, armenias de Tiflis cuyos ojos azules engarzados en sombríos párpados recuerdan el fondo de una gruta oscura, turcas pesadas y dulzonas como los pasteles en cuya composición entra la miel recibía cartas los días de aniversario; mi vida transcurría espiando por el camino el paso del cartero cojo. De día, luchaba contra la angustia; de noche, luchaba contra el deseo; sin cesar, luchaba contra el vacío, forma cobarde de la desgracia.

Pasaban los días uno tras otro por las calles desiertas como una procesión de viudas; la plaza del pueblo parecía negra con tantas mujeres de luto. Yo envidiaba a aquellas desgraciadas por no tener más rival que la tierra y por saber, al menos, que su hombre dormía solo. Yo vigilaba en lugar del mío los trabajos del campo y los caminos del mar; recogía las cosechas; mandaba clavar la cabeza de los bandidos en el poste del mercado; utilizaba su fusil para dispararle a las cornejas; azotaba los flancos de su yegua de caza con mis polainas de tela parda. Poco a poco, yo iba ocupando el lugar del hombre que me faltaba y que me invadía. Acabé por contemplar, con los mismos ojos que él, el cuello blanco de las sirvientas. Egisto galopaba a mi lado por los eriales; tenía casi la edad de ir a reunirse con los hombres; me devolvía la época de los besos entre primos perdidos en el bosque, durante las vacaciones de verano. Yo lo miraba menos como un amante que como a un niño que hubiera engendrado en mí la ausencia; pagaba sus gastos de guarnicioneros y caballos. Infiel a mi hombre, seguía imitándolo: Egisto no era para mí sino lo equivalente a las mujeres asiáticas o a la innoble Arginia.

Señores jueces, no existe más que un hombre en el mundo: los demás no son más que un error o un triste consuelo, y el adulterio es a menudo una forma desesperada de la fidelidad. Si yo engañé a alguien fue con toda seguridad al pobre Egisto. Lo necesitaba para percatarme de que hasta qué punto el que yo amaba me era irremplazable. Cansada de acariciarlo, subía yo a la torre para compartir el insomnio del centinela. Una noche, el horizonte del este empezó a arder tres horas antes de llegar la aurora. Troya ardía : el viento que volaba de Asia transportaba sobre el mar pavesas y nubes de ceniza; las fogatas de los centinelas se encendieron en las cimas: el monte Athos y el Olimpo, Elpindo y el Erimanto parecían hogueras; la lengua de la última llama se posaba frente a mí en la pequeña colina que desde hace veinticinco años me tapaba el horizonte.» Yo veía inclinarse la frente del vigilante, cubierta por el casco, para recibir el susurro de las olas: por el mar, en alguna parte, un hombre engalanado de oro se acodaba en la proa y cada vuelta de hélice lo acercaba más y más a su mujer y a su hogar ausente. Al bajar de la torre, cogí un cuchillo. Quería matar a Egisto, mandar lavar las maderas de la cama y el pavimento de la habitación, sacar del fondo del baúl el vestido que llevaba puesto cuando él se marchó, y suprimir finalmente aquellos diez años como si fueran un simple "cero" en el total de mis días.

Al pasar por delante del espejo, me detuve a sonreir; de repente, me vi y al verme me di cuenta de que tenía el pelo gris. Señores Jueces, diez años es mucho tiempo: es más largo que la distancia entre la ciudad de Troya y el castillo de Micenas; el rincón del pasado esta asimismo más alto que el lugar en donde nos encontramos, pues sólo podemos bajar y no subir las escaleras del Tiempo. Sucede como en las pesadillas: cada paso que damos nos aleja más de nuestra meta en vez de acercarnos a ella. En lugar de una mujer joven, el rey encontraría en la puerta a una especie de cocinera obesa; la felicitaría por el buen estado de los corrales y bodegas: sólo podía esperar unos cuantos besos fríos. Si hubiera tenido valor, me hubiese matado antes que el llegara, para no leer en su rostro la decepción, al encontrarme ajada. Pero quería, al menos, verlo antes de morir. Egisto lloraba en mi lecho, asustado como un niño culpable que siente llegar el castigo del padre; me acerqué y adopté mi voz más suavemente mentirosa para decirle que nada se sabía de nuestras citas nocturnas y que su tío no tenía ninguna razón para dejarlo de querer. Yo esperaba que, al contrario, él estuviera enterado de todo, y que la cólera y el afán de venganza me devolvieran un lugar en su pensamiento.

Para estar más segura de ello, entregué el correo, junto con las demás cartas, una anónima en donde exageraba mis culpas: afilaba el cuchillo que debía abrirme el corazón. Pensaba que tal vez me estrangularía con sus propias manos que yo tan a menudo había besado: por lo menos moriría envuelta en una especie de abrazo. Llegó por fin el día en que el barco de guerra atracó en el puerto de nauplion, en medio de una algarabía de vivas y fanfarrias; los terraplenes cubiertos de amapolas rojas parecían pavimentados por orden del verano, el maestro dio un día de asueto a los chicos del pueblo; tocaban las campanas de la Iglesia. Yo lo esperaba en el umbral de la Puerta de los Leones, una sombrilla rosa maquillaba mi palidez. Chirriaron las puertas del coche por la empinada cuesta; los aldeanos se engancharon al varal para ayudar a los caballos. Al volver un recodo, divisé, por fin, la parte más alta del coche, que asomaba por encima de un seto vivo, y advertí que mi hombre no venía solo. A su lado llevaba a la hechicera que él había escogido como parte del botín, aun estando algo estropeada por lo juegos de los soldados. Era casi una niña; unos hermosos ojos oscuros le llenaban el rostro amarillento y tatuado de cardenales. El le acariciaba el brazo para que no llorase. Le ayudó a bajar del coche, me besó con frialdad y me dijo que contaba con mi generosidad para tratar amablemente a la muchacha cuyos padres habían muerto. Apretó la mano de Egisto. El también había cambiado. Resoplaba al andar y su cuello enorme y colorado desbordaba del cuello de la camisa; su barba teñida de rojo se perdía por entre los pliegues de su cuello. Era hermoso, sin embargo, pero hermoso como un toro en lugar de serlo como un dios.

Subió con nosotros los escalones del vestíbulo que yo había mandado alfombrar de púrpura, para que no se notaran las manchas de su sangre. Apenas me miraba; en la cena, ni siquiera se dio cuenta de que yo había preparado sus platos favoritos; bebió dos vasos, tres vasos de alcohol. El sobre abierto de la carta anónima asomaba por uno de sus bolsillos. Le guiñó un ojo a Egisto y farfulló unas cuantas bromas de borracho sobre las mujeres que buscan consuelo. La velada, interminablemente larga, se prolongó aún más en la terraza infestada de mosquitos. Hablaba en turco con su compañera. Según parece, ella era hija del jefe de una tribu; al moverse, me di cuenta de que llevaba un hijo en su seno.¿Sería de él o de alguno de los soldados que la habían arrastrado riendo fuera del campamento y arrojado a latigazos de nuestras trincheras? Decían que poseía el don de adivinar el provenir. Para distraernos, nos leyó las líneas de la mano.

Entonces palideció y empezó a castañetear los dientes. También yo, señores jueces, conocía el provenir. Todas las mujeres lo conocen: siempre esperan que todo acabe mal. El tenía por costumbre tomar un baño caliente antes de irse a acostar. Subí a preparárselo: el ruido del agua que salía del grifo me permitía llorar en voz alta. Calentábamos con leña el agua del baño; el hacha que utilizábamos para cortar los troncos se hallaba tirada en el suelo; no sé por qué la escondí en el toallero. Durante un instante, pensé en disponerlo todo para simular un accidente que no dejara huellas, de suerte que la lámpara de petróleo cargara con las culpas. Pero yo quería obligarlo a mirarme de frente por lo menos al morir: por eso lo iba a matar, para que se diera cuenta que la lámpara de petróleo cargara con las culpas. Pero yo quería obligarlo a mirarme de frente por lo menos al morir: por eso lo iba a matar, para que se diera cuenta de que yo no era una cosa sin importancia que se puede dejar o ceder al primero que llega.

Llamé a Egisto en voz baja: se puso pálido cuando abrí la boca. Le ordené que me esperara en el rellano. El otro subía pesadamente las escaleras; se quitó la camisa; la piel, con el agua del baño, se le puso toda violeta. Yo le enjabonaba la nuca y temblaba tanto como el jabón que continuamente se me resbalaba de las manos. El estaba un poco sofocado y me mandó con rudeza que abriese la ventana, demasiado alta para mí. Le grité a Egisto que viniera a ayudarme. En cuanto entró cerré la puerta con llave. El otro no me vio, pues nos daba la espalda. Le dí torpemente un primer golpe que sólo le hizo un corte en el hombro; se puso de pie; su rostro abotargado se iba llenando de manchas negras; mugía como un buey. Egisto, aterrorizado, le sujetó las rodillas, acaso para pedirle perdón. El perdió el equilibrio y cayó como una masa, con la cara dentro del agua, con un gorgoteo que parecía un estertor. Entonces fue cuando le dí el segundo golpe que le cortó la frente en dos. Pero creo que ya estaba muerto: no era más que un pingajo blando y caliente. Se habló de rojas oleadas: en realidad, sangró muy poco. Yo sangraba más cuando di a luz a mis hijos. Después de morir él, matamos a su amante: fuimos generosos, si ella lo amaba. Los aldeanos se pusieron de nuestra parte y callaron. Mi hijo era demasiado pequeño para dar rienda suelta a su odio contra Egisto.

Han pasado unas semanas: yo hubiera debido tranquilizarme pero ya sabéis, señores jueces, que nunca acaba nada y que todo vuelve a empezar. Me he puesto a esperarlo otra vez y ha vuelto. No mováis la cabeza: os digo que ha vuelto. El, que durante diez años ni se dignó a tomar un permiso de ocho días para volver de Troya, ha vuelto de la Muerte. A pesar de que yo le corté los pies para impedirle salir del cementerio... Pero esto no evitó que él se deslizara por la noche en mi cuarto, llevando sus pies debajo del brazo, como los ladrones cuando cogen de este modo sus zapatos para no hacer ruido. Me cubría con su sombra; ni siquiera parecía darse cuenta que Egisto estaba allí. Después, mi hijo me ha denunciado en el puesto de policía, pero mi hijo es también un fantasma, el suyo, su espectro de carne. Yo creía que por lo menos en la prisión estaría tranquila, pero sigue volviendo: parece como si prefiriese mi calabozo a su tumba. Sé que mi cabeza acabará por rodar en la plaza del pueblo y que la de Egisto caerá cortada por el mismo cuchillo. Es extraño, señores jueces, se diría que ya me habéis juzgado otras veces. Pero tengo la experiencia suficiente para saber que los muertos no permanecen en reposo: me levantaré, arrastrando a Egisto tras de mí como a un galgo triste. Y erraré por las noches a lo largo de los caminos, a la búsqueda de la justicia de Dios. Volveré a hallar a ese hombre en algún rincón de mi infierno y gritaré de nuevo con alegría con sus primeros besos. Luego, me abandonará para irse a conquistar alguna provincia de la Muerte.

Ya que el tiempo es la sangre de los vivos, la Eternidad debe de ser la sangre de las sombras. Mi eternidad, la mía, se perderá esperando su regreso , de suerte que me convertiré en el más lívido de los fantasmas. Entonces volverá, para burlarse de mí, y acariciará ante mis ojos a la amarilla hechicera turca acostumbrada a jugar con los huecesillos de las tumbas. ¿Qué puedo hacer? Es imposible matar a un muerto..."



Referencia: Marguerite Yourcenar, Clitemnestra o el Crimen
Fuente:© Apocatastasis: Literatura y Contenidos Seleccionados


Este relato cuya versión de Marguerite Yourcenar de su libro "FUEGOS" fue leída en el programa Leer es un placer que conduce Natu Poblet y en la voz de Carlos Clérici

Debajo tienen el audio de la grabación que corresponde a todo el programa de la serie,en este caso  


► Marguerite Yourcenar: Fuegos IV y en cuyo inicio se lee todo el relato.




A la derecha del blog encuentran el enlace a Leer es un placer donde figuran los días y horarios del programa.
Lo mismo pueden escuchar todos los audios en el canal de ivoox:



LEER ES UN PLACER en Facebook: www.facebook.com/pages/Leer-es-un-placer

Foto del programa dedicado a Fuegos de Marguerite Yourcenar:



Mi recomendación:escuchen estos programas porque realmente son un oasis de gozo par quienes amamos la lectura, los libros, no apasiona tanto leer como escuchar sobre escritores, obras,críticas literarias, comentarios...
Un programa de lujo, hecho con una agradable ambientación de música seleccionada según la temática y la conducción excelente de una legendaria conocedora de libros: Natu Poblet de LIBRERÍA CLÁSICA Y MODERNA y lecturas a cargo de Carlos Clérici.


Av. Callao 892 (CABA, Buenos Aires) 
4811-3670 | libreria@clasicaymoderna.com

website: http://www.clasicaymoderna.com/

lunes, 13 de enero de 2014

Infidelidad en la pareja por Valèrie Tasso

La escritora y sexóloga Valérie Tasso reflexiona sobre la infidelidad en la pareja, una situación seguramente tan antigua como la propia pareja.



www.facebook.com/ValerieTasso.Oficial
www.facebook.com/ValerieTasso.Oficial



http://www.valerietasso.com/
http://twitter.com/ValerieTasso












viernes, 3 de enero de 2014

Publicidad sexista


Anuncios publicitarios sexistas de años atrás

La publicidad sexista es "aquella que representa a las mujeres de forma indigna, bien utilizando particular y directamente su cuerpo como un objeto que no tiene una relación directa con el producto que se pretende promocionar o bien utilizando su imagen para asociarla a comportamientos asignados tradicionalmente a la mujer de forma discriminatoria".





 Dale vitaminas a tu esposa para la energía y asi tendrá limpia toda la casa. 


 "Mantenla donde pertenece"


"No te preocupes querida, al menos no quemaste la cerveza""


 "Sople en su cara y ella lo seguirá donde quiera" 


 Dirigido a los hombres: Mire cómo hacerle limpiar los lugares más complicados de su piso"


 El regalo ideal para todas las ocasiones.


"Es agradable tener una chica en toda la casa
Texto original en inglés:
Trampled: This advert for Mr Leggs trousers reads, 'Though she was a tiger lady, our hero didn't have to fire a shot to floor her. After one look at his Mr Leggs slacks, she was ready to have him walk all over her. That noble styling sure soothes the savage heart! If you'd like your own doll-to-doll carpeting, hunt up a pair of these he-man Mr Leggs slacks such as our new automatic wash-wear blend of 65 per cent Dacron® and 35 per cent rayon incomparably wrinkle-resistant. About $12.95 at plush-carpeted stores'



Muéstrale el mundo de los hombres.








Traducción:
Aprende a entrenar a tu esposa en 5 clases simples:
-Boletos gratis te enseñan como hacerlo.
Enséñale a:
1. Buscar tus zapatillas y pipa.
2. Masajear sus pies.
3. Servirte cerveza helada y aperitivos.
4. Sentarse y quedarse callada mientras miras tus programas de televisión favoritos.
5. Responder a tus señales, al chasquido de tus dedos.
6. Responder “Sí, querido” a cualquiera de tus pedidos.
7. Recibirte en la puerta solo vistiendo nada más que un delantal de celofán.


Fuentes: www.dailymail.co.uk/

Un vídeo que complementa :




Decálogo para Identificar el sexismo en la publicidad

1-Promover modelos que consoliden pautas tradicionalmente fijadas para cada uno de los géneros.

2-Fijar unos estándares de belleza considerados como sinónimo de éxito.

3-Presentar el cuerpo como un espacio de imperfecciones que hay que corregir.

4-Situar a los personajes femeninos en una posición de inferioridad y dependencia.

5-Negar los deseos y voluntades de las mujeres y mostrar como "natural" su adecuación a los deseos y voluntades de los demás.

6-Representar el cuerpo femenino como objeto, esto es, como valor añadido a los atributos de un determinado producto, como su envoltorio en definitiva.

7-Mostrar a las mujeres como incapaces de controlar sus emociones y sus reacciones, "justificando" así las prácticas violentas que se ejercen sobre ellas.

8Atentar contra la dignidad de las personas o vulnerar los valores y derechos reconocidos en la Constitución.

9-Reflejar de forma errónea la situación real de las mujeres con discapacidad contribuyendo a la no sensibilización necesaria para un tratamiento óptimo de los temas que les afectan.

10-Utilizar un lenguaje que excluya a mujeres, que dificulta su identificación o que las asocie a valoraciones peyorativas.

Fuente::www.juntadeandalucia.es/institutodelamujer/observatorio/web/observatorio/decalogo