lunes, 8 de octubre de 2012

Carrieguito


"Carrieguito" es el  libro  de la escritora Laura Erpen de Concepción del Uruguay ,Entre Ríos que obtuvo en 2010 el Premio Fray Mocho en el género Ensayo, galardón que otorga el Ministerio de Cultura de  la provincia de Entre Ríos-La obra es una investigación sobre el poeta argentino Evaristo Carriego nacido en Entre Ríos.

En el blog hay una página dedicada a la escritora con esta información y más material pero a propósito de llevarse a cabo en varias localidades de la provincia la presentación del libro se publica esta entrada.

                                                                                         
     
Portada del libro 
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Un fragmento del ensayo en cual la escritora se refiere a la figura de quien fuera presidente de nuestro país en época de la Confederación.Domingo Faustino Sarmiento;una semblanza del considerado el primer maestro argentino,su preocupación por instalar una propuesta pedagógica basada en el modelo norteamericano, detalles de sus relaciones,sus contactos, sus viajes ,sus gestiones y un especial hincapie en la llegada de las primeras maestras contratadas por Sarmiento a la ciudad de Paraná..Laura va intercalando en la prosa de rigor ensayístico su estilo coloquial otorgándole a la lectura un ameno interés con breves comentarios que le imprimen ese sello personal de la autora.Logra así contarnos datos históricos de la política, la sociedad, la economía y la cultura de aquella época.Pinceladas históricas, anecdóticas, y, a su vez la opinión también se hace presente.

De cuando Paraná tuvo una primavera bostoniana…                                
 (Fragmento de Carrieguito de Laura Erpen)


El Cuyano exaltado[1] andaba por el mundo en busca de concretar sus sueños. La educación lo desvelaba y precisaba un modelo que le permitiera encarrilar sus utopías.
Lo halló en su admirado país del norte, en Horace Mann y en un folleto que refería sus testimonios sobre una experiencia desarrollada en Alemania, Francia, Holanda y Gran Bretaña.
Verlo y descubrir que ésa era la cuestión, fue todo. Precisaba encontrar algo que le sirviera para soñar más y mejor.  La vieja Europa lo había decepcionado, una nueva luz se abría ante sus ojos sedientos.

Sarmiento siempre se las arregló para viajar con poca plata por mucho mundo, ya lo sabemos, pero además, un amigo chileno lo ayudó y a buscar su destino se fue.
El encuentro con Santiago Arcos[2] en Liverpool lo sacó del apuro y a visitar el laboratorio cultural de Boston marchó.
Allí lo deslumbró el ambiente en el que reinaban ideas innovadoras como el antiesclavismo, el sufragismo, y los inicios del feminismo.
La relación con Mann y su esposa comenzó hacia 1845. Mann no hablaba español y Sarmiento desconocía el inglés, pero Mary Ann Peabody, la esposa, había vivido en Cuba- (en donde trabajó como institutriz y aprendió el idioma) -  y ofició como mediadora en las conversaciones de los hombres. Y el milagro se produjo.


No nos parecería extraño que don Domingo hubiera sido presa de sus encantos, - (sabedores de sus mentados juegos galantes…)- , lo cierto es que la comunicación creció, fluida y cordial, y de ahí en más, entrelazaron planes en cartas jugosas.
         
Mary Peabody era una muchacha especial, al igual que sus dos hermanas. La madre no las había criado con destino casadero, ya que una y otra vez hacía dolorosa mención de su renuncio a la literatura  por problemas económicos y por la necesidad de atender el sustento familiar. Que sus hijas no pasaran por esa escuela del fracaso, por favor.
No lo hicieron. Una de ellas se casó con un poeta que alcanzó la notoriedad, Mary con Mann y la otra fue educadora vanguardista y fundó el primer jardín de infantes en su país, siguiendo las teorías froebelianas.
         
“Gracias a Mary Peabody y a sus vinculaciones, Sarmiento trató a distintas personalidades del ambiente cultural norteamericano. Su hermana menor, Sophia, estaba casada con el gran novelista Nathaniel Hawthorne (1804-1864), autor de renombradas novelas, entre ellas, The scarlet letter y The house of the seven gables. La otra hermana mayor, Elizabeth, era una afanosa educadora y de reconocida partícipación en el unitarismo de los Estados Unidos.”[3]

La amistad se mantuvo durante años, aún después de la muerte de Mann. Las continuas cartas permitieron el intercambio.
Mary tradujo el Facundo al inglés y Sarmiento contrató a las maestras. Corría el 1868 cuando el proyecto comenzó a hacerse realidad. Ya era Presidente.
Se planeó el envío de muchas - (quizás demasiadas…) –, que al fin y al cabo, resultaron ser 61 o 65, que los datos oscilan entre las cifras. Al menos, se sabe que llegaron 61 damas y cuatro hombres.
La intención es que fueran a San Juan, pero Juana Manso[4] – (precursora del feminismo en Argentina y activa educadora, no siempre bien vista por sus ideas…) – contuvo  y escuchó fraternamente a algunas de las muchachas que se asustaron frente a la situación del país y esto retrasó en parte los planes y trajo algunas confusiones.
Los consejos de la comunidad norteamericana, aportaron lo suyo y San Juan debió esperar, aunque Sarmiento estaba perdiendo la paciencia.
Tiempo después, el problema se corregiría con fortuna para las partes.

Hacia Paraná fueron muchas de ellas, a aprender el idioma.
A eso se dedicaban por espacio de cuatro meses. Algunas, siguieron camino hacia San Juan y Catamarca. Otras, hacia Santa Fe. Hubo quienes se instalaron en Rosario y quienes enfilaron hacia La Plata. Y quienes se volvieron, también.
Sarmiento había puesto condiciones, las chicas debían responder a un patrón bien pensado en sus noches de desvelo:
         

 “Mary Mann y Kate Dogget, una activista en pro del sufragio femenino en Chicago, seleccionaron a las maestras que venían a la Argentina. Según lo exigía Sarmiento, en lo posible debían ser jóvenes con experiencia, de buena familia, excelentes modales y aspecto agradable. Debían tener muy buen estado físico "para dar ejemplo a nuestras criollas, tan acostumbradas a estar inmóviles, asistidas por sus servidumbres".[5]
         
Aporta más luz  sobre el caso, decir que Kate Dogget fue la primera mujer miembro de la Academia de Ciencia en 1869, y que en ese mismo año asistió como delegada a la Conferencia de Mujeres en Berlín.

Kate Newell Doggett
Por si fuera poco todo lo que veía y paladeaba, las conexiones de Mary Mann lo llevaron al sanjuanino a obtener un titulo de Doctor Honoris Causa de la Universidad de Michigan.

Encandilado y pasional, a partir de allí planificó la estrategia nutrida por ese mundo que lo subyugó.

Mary Mann


Digamos que las niñas que llegaron, pues, tenían lo suyo. No venían de lugares calmos, sino de escenarios bravíos: guerra de secesión, luchas feministas, territorios díscolos, huellas de desocupación, y traían mucho, pero mucho sabor de aventuras.
         
También les interesaba el sueldo propuesto, por qué no. Aún cuando fuera menor al que se les abonaría a los varones, tentaba.” Los salarios –que en un principio eran altos-, la falta de trabajo en algunos estados norteamericanos, la expectativa de encontrar marido o el afán de aventura se combinaron con la verdadera vocación que estas maestras y maestros tenían por la educación popular.”[6]

Dicen quienes saben que el viaje duró dos meses y que hicieron escala en Londres y después arribaron a Buenos Aires.
Venían de Missouri, Minnesotta, Indiana, Nueva York, Pennsylvania, Maryland, Virginia, Ohio, Nueva Inglaterra.

“El gobierno argentino les ofrecía un contrato por tres años, que comenzaba a  correr en el momento en que se embarcaban hacia este país. Una vez aquí tenían cuatro meses para aprender el idioma y ambientarse, lo cual se hacía en Paraná, lugar donde se había creado la primera Escuela Normal argentina. Después de esa preparación, eran destinadas a distintos puntos del país donde se estaban creando estas escuelas. Así fue como llegaron maestros norteamericanos a San Juan.”[7]


Trajeron consigo su lengua, su religión, sus saberes, sus costumbres deportivas, su amor por el estudio al aire libre, su afán por la experimentación, su capacidad, su interés y hasta sus instrumentos musicales.
Vaya a saberse qué rumbos tomó el banjo de Jennie Howard[8] después de su muerte, por ejemplo.
Sufrieron incomprensión e intolerancia de todo tipo: de sus colegas argentinos – (que no toleraban la diferencia de sueldos, entre otros detalles…) - ,  de los fervientes católicos y de las autoridades eclesiales mismas.
Del total, sólo cinco eran católicas, el resto profesaba religión protestante.
La crítica se desató, como látigo, feroz,  y el adjetivo “herejes” se impuso como barrera para muchos padres que se negaban a que sus hijos fueran educados por semejantes personajes.

En Catamarca, un sucedido da para entender el caso:
“El Obispo Fray Mamerto Esquiú debió interceder y convenció a estas
damas que si bien la directora pertenecía a una "rama disidente" de cristianos, eso "era menos malo que si fuera atea..."[9]

Otros datos afirman las diferencias en lo religioso y las penurias o dificultades nacidas de esto:

“La señorita Howard fue destinada a Córdoba y relata este episodio: en la puerta de la iglesia de los jesuitas se leía la frase "Esta es casa de Dios y puerta del Cielo”.

Pues bien, una mañana apareció pintada en la entrada de su escuela: "Esta es casa del diablo y puerta del infierno". [10]

 Jennie Howard, la única de las maestras que dejo un libro contando la experiencia
In distant climes and other years.

Pero aún así discriminadas, sospechosas por su condición de extranjeras y protestantes, las maestras norteamericanas daban muestra de su espíritu tolerante, entrando a rezar en el templo católico, a falta de uno de su propia confesión religiosa.
Allí le pedían a Dios ayuda y valor para realizar su tarea educativa, tan obstaculizada por los prejuicios que llegaron, en alguna ocasión, a materializarse en piedras arrojadas durante un acto de graduación.”[11]

Pensamos que las dificultades en el lenguaje, deben de haber sido de menor importancia. En principio, porque ellas tenían intención de aprender el español ya que lo necesitaban. Y por otra parte, por estos lados y justo en el territorio de la entrerrianía, había muchos ingleses. Muchos más de lo que uno supone, antes de ponerse a averiguar, como se debe hacer.

Habían llegado en bandadas con motivo de la instalación de los ferrocarriles y se habían diseminado por toda la provincia, dejando estampado su sello en la construcción, en el tendido de las vías y en los frigoríficos que instalaron.
La Inglaterra victoriana ansiaba productos para sus usinas de la revolución industrial y los barcos iban y venían, acarreando carnes y productos de la tierra que debían circular hasta los puertos para ser trasbordados.
Los ferrocarriles acortaban las distancias y también mostraban – (como lo indicó y denunció Scalabrini Ortiz, no siempre bien interpretado…) – los intentos imperiales concretados en el asedio y hasta en el aprovechamiento sin límites de la producción local.

Desde que en 1824 se reconociera la Independencia nacional, los ingleses habían sentado sus reales por estas tierras.
En mucho los favoreció Rivadavia, que les abrió las puertas. Entre 1854 y 1880, numerosos profesionales, empresarios, comerciantes, se habían arrimado a los territorios rebeldes que los expulsaron en las invasiones intempestivas, a todo pulmón.
Hasta tenían sus propios cementerios, denominados “de los disidentes”. Uno de ellos, en pleno barrio del Retiro, vecino de la Parroquia del Socorro. Hacia 1833, su capacidad fue colmada, por lo que se creó otro en el llamado Hueco de los olivos, actual plaza 1º de Mayo[12], que recibió el nombre de Cementerio de la Victoria. Finalmente, se construyó el denominado Cementerio Británico de la Chacarita.[13]
Estos cementerios eran administrados por ingleses, alemanes y estadounidenses y admitían a miembros no confesionales, incluidos los de la comunidad judía.

Capilla del cementerio de La Victoria 

Pero, además, hay otros costados que nos interesan.
En 1825 se constituyó la Asociación Agrícola del Río de la Plata y más de doscientos colones de Liverpool y de Manchester se aquerenciaron, más por intereses que por devoción, pensamos.
Es que las vaquitas todavía eran ajenas, así que comenzaron en Cañuelas a cruzar ejemplares con los suyos, de pedigree, claro está.
En 1836 se importó el primer toro de raza Shorthorn. De ahí en más, los vacunos tendrían mejor estampa y más rédito.
Para poner orden, se fundó la Sociedad Rural. ¿Quién fue su primer presidente? Por supuesto, un inglés. Se llamaba Richard Newton.
Todavía falta tiempo para que Julio Argentino firme pactos, Lisandro ponga el grito en el cielo y a su compañero Bordabehere le pongan bala en el pecho…
Todavía falta…

Los frigoríficos actualmente abandonados son huellas de un pasado que nunca volverá, pero que marcan fuerte presencia británica en la provincia y en el país, por supuesto.
El desmantelamiento de los ferrocarriles en el período del neoliberalismo ha hecho lo suyo, y ahí quedaron las ruinas, algunas de ellas recicladas y otras en penoso estado.
Los nombres Liebigs, Armour, Swift y hasta la misma calle Nueva York de Berisso, son huellas o quizás fantasmas de un tiempo que ya no volverá.



Sigamos adelante con lo nuestro.
Las iglesias protestantes habían arribado con sus ministros y hasta en la misma Alameda de la Federación se alojaban ingleses, de manera que con quién hablar en lengua materna, había.

El Cuyano había hablado de formar familias y establecerse. Hubo quienes lo hicieron, pero ninguna de las niñas se casó con un criollo.
Algunas regresaron, otras se quedaron para siempre. Cinco de ellas murieron durante el episodio de la fiebre amarilla[14]. Veinte de ellas formaron su hogar y murieron aquí.
Algunas descansan en paz en el Cementerio británico. Alguien, como la esposa del primer director de la Escuela Normal de Paraná, ni siquiera en el cementerio, sólo en la vereda.
         
El 13 de junio de 1870, por un decreto que firma el Presidente Sarmiento y refrenda su Ministro de Educación Nicolás Avellaneda, se crea la Escuela Normal de Paraná.

¿Había razones para que Sarmiento prefiriera la provincia de Entre Ríos como centro de experimentación?

Probablemente las vanguardistas acciones de Hernandarias en su época, las posteriores de jesuitas, dominicos y franciscanos, las de Francisco Ramírez y por sobre todo el sedimento que dejó la política de Urquiza, unido a la seguridad que reinaba en la provincia – (fragilidades aparte…) - y a su cercanía con Buenos Aires, lo convencieran.
Paraná era una ciudad de probados méritos, Sarmiento siempre le había tenido “ganas”, había desaparecido el temido Caudillo que lo recibió a lo grande – (dicen que hasta con pétalos de rosas…) - en su Palacio, había sido Capital de la Confederación, crecía en prosperidad, el edificio de la otrora Confederación estaba allí, a la mano y ofrecía comodidades…en fin… ¿por qué no?
Lo cierto es que, con el basamento de aquellos caudillos que él mismo había categorizado de bárbaros, el Cuyano paradojal construía el escenario en donde se instalaría todo un laboratorio educacional que luego la ley de 1884 tomaría como ejemplo.

A Paraná llegaron pues, el profesor Stearns y su esposa, juntamente con el señor Jorge Roberts y su esposa, y la señorita E. Wade.
Curiosamente, quien fuera designado primer director de la Escuela Normal de Paraná fue uno de los pocos varones que llegaron con el contingente normalista.
Mary Mann se lo recomendó a Sarmiento, sugiriéndole, además,  que su esposa, Julia Hopes, podría ejercer, a su vez, como maestra en la misma escuela.
Así sucedió, pero a los dos años de la llegada, la señora falleció, víctima de fiebre tifoidea. Fue en 1872.
 La señora Stearns profesaba la fe evangélica. En ocasión de preparar el entierro, su esposo constató que no podría ser alojada en el cementerio por esa razón.
Durante tres días hizo gestiones, ayudado por bienintencionados vecinos, pero el permiso no llegó nunca.
A la congoja por la muerte, unamos su destino de viudo con un niño pequeño y con otro niño con dificultades y esta negativa extraña, al menos, y comprenderemos la desesperación del profesor.
El pasado año, el actual intendente de Paraná[15], realizó un homenaje – (tardío, pero reivindicatorio, al menos…) – a la señora, descubriendo una placa en la pared exterior del cementerio, frente al lugar en que el marido indicara el lugar de la tumba, en un dibujo precario pero ilustrativo de lo sucedido.
Tratativas, desmentidas, dimes y diretes, idas y venidas, pueden leerse en un interesante artículo del periodista Jorge Riani[16] en el que nos hemos basado para sintetizar someramente el hecho.
         
Más allá de las jurisdicciones eclesiales o de las burocracias administrativas, o de las injusticias, o de las incomprensiones, lo que queremos puntualizar es que las muchachas de Sarmiento… no se la llevaron de arriba.
 Pero no nos alejemos demasiado de nuestro proyecto. Si bien el tema es tentador y genera debate entre los revisionistas que consideran un sarmientino exceso extranjerizante esta empresa, - (debate que nos debemos pero que aquí no atenderemos...) - a lo que vamos es a seguir las andanzas de de los Carriego por la Escuela Normal y por ese microcosmos bostoniano en que se convirtió la capital de la provincia.

En esa Paraná en creciente, desarrollada y potente, dejemos a las muchachas extranjeras y vayamos al encuentro de la familia que según Borges, “se vendrá abajo”…
Ya volveremos a ellas…Quizás anden conversando animadamente en la Alameda de la Federación con Fanny Haslam… ¿Con quién? Se verá, se verá.

Mientras tanto, señalemos que en 1884 comenzó a funcionar el Kindergarden de la Escuela Normal de Paraná.
A cargo estaba Sara Chamberlain[17], distinguida docente que provenía de Filadelfia.
Sara había nacido en 1840 en Lewisburg y estudió en el Instituto de Mujeres de Bucknell, en donde se graduó en 1858.
Durante la Guerra Civil, se desempeñó como enfermera. Fue entonces cuando conoció al capitán Eccleston, con quien se casó y tuvo dos hijos.

La  temprana viudez la puso ante la opción: o aceptar  la ayuda de sus padres y retroceder en la construcción de su autonomía o elegir un destino que le permitiera liberarse, a pesar de la pena.
En 1875, pues, comenzó a prepararse para lo que sería su gran pasión: el kindergarden.
Estudió para ello en la Escuela Normal de Ruth Burritts y conoció a las hermanas Peabody. Esto fue el paso fundamental para que su destino se encontrara con los sueños de Sarmiento.

Pero hay un paso más antes de que llegue a Argentina: en 1880 se radica en Winona, en donde instala un kindergarten, y allí es donde recibe la propuesta de emigrar a un país lejano con una bella perspectiva.
Llega en agosto de 1883, acompañada de su hija Emily.
Sara se sintió asediada por las dificultades en el idioma, la adaptación de su hija al nuevo medio y, por supuesto, por la no aceptación de su religión protestante.

Pero sus preocupaciones ceden hacia 1884, momento en que se inicia la tarea educativa que la apasiona.
Desarrolla su tarea con eficacia y recibe el reconocimiento del director José María Torres.
Muchos niños pasan por las aulas de la Normal. Si bien el interés sarmientino era el de homogeneizar franjas sociales, los comentarios hablan de que concurren los hijos de muchas familias acomodadas.
A pesar de las ideas de Fröebel, la realidad en Paraná era otra. Froebel había creado sus jardines para niños en situación de pobreza. Aquí respondieron las familias tradicionales en mayor proporción. Suele suceder, claro que sí.

Dice Dora Barrancos:

“Bueno, al kindergarten de Fröebel no iban centralmente los niños de la clase obrera, según relata Ann Taylor Allen… aunque en la actualidad el jardín de infantes sea visto como una solución para las madres trabajadoras de todo tipo.”[18]

Parece algo arriesgado, por aquellos tiempos, pensar en un jardín en donde los niños se vincularan con otros, jugaran seriamente, construyeran el sedimento imprescindible para la primaria, adquirieran hábitos, en donde la familia tuviera su lugar de cobijo y amparo y en donde lo privado se articulara con lo público, pero lo hicieron.
Antecedentes en Buenos Aires se habían registrado, porque Juana Manso había fundado el suyo. Era hora de que el interior los tuviera, y sobre todo una provincia que había hecho sobrados méritos para merecerlo, una provincia adelantada desde los intentos de Hernandarias, pionero en esto de la educación.
Y Paraná fue un amoroso jardín:

            “… tengo la sensación de que el ambiente que crea el jardín de infantes se caracteriza por un derrame de afectividad que está omnipresente en los objetos, en los dispositivos de administración, lo que sería una expresión del carácter emotivo de los vínculos. Y ese carácter convive con lo propiamente escolar. Hay “ciencia” y también hay “amor”…”[19]

Los niños del kindergarten de Paraná habían encontrado en la Normal, su lugar y con ciertas formas, que son, en esencia, las que señala la especialista:

Las formas de trato son las de una enorme sobreafectividad. La formación de valores morales, que es una petición de principios desde el nacimiento en los sectores medios, está presente en el jardín de infantes, pero el inculcamiento es menos rígida en esas edades.
Casi se diría que hay una idea de un hogar sobrerrepresentado, una especie de “sobrehogar”, una escena familiar “mejorada”.[20]

La figura de Sara Eccleston y su tarea, parecen encajar en ese modelo.
En 1886, Sara retorna a EEUU porque lo requiere la salud de su hijo. Ese mismo año regresa a Argentina y lo trae consigo.
Funda y dirige el kindergarten de la Escuela Normal de Concepción del Uruguay y en 1888 se instala nuevamente en Paraná.

Sarah Chamberlain Eccleston
Su figura cobra el prestigio necesario para que en 1893 represente al gobierno argentino en la conferencia mundial sobre kindergarten realizada en Chicago.

En 1897 crea el Profesorado de Maestras Jardineras en Buenos Aires y en él se destaca su pasión, y su influencia  sobre las jardineras crece.
Muere en esa ciudad en 1916, después de una tarea incesante referida a la divulgación de la importancia y valores de la educación inicial en la Argentina.
 Sus alumnas sintetizan su valor en el epitafio que corona su tumba en el cementerio británico:

         “Como la hiedra adherida al muro, o como la llama sagrada de las antiguas vestales, que no se apagará jamás, así cumpliste tu misión, maestra nuestra y así nos legaste el fervor de tu alma...”

Sara trabajó en dos frentes: con los niños en el Jardín y formando docentes para el Kindergarden.
Pero para lo que nos interesa, viene bien preguntarnos: ¿cómo, de qué manera, se trabajaba en el Jardín de la Normal?
         
Lo primero de todo: el juego. El juego como actividad en donde el niño conquista la autonomía, el juego creador que le permite actuar y producir , el que también debe jugar el maestro, porque de esta manera participa de su mundo y puede intervenir en el proceso educativo. El juego que le permite hacer y entender las cosas. El juego que unifica la educación y la vida.

El juego con materiales, a los que llama Fröebel dones o regalos, pensados en serie, graduados, que permitirán al niño reconocer, identificar, manipular, formas y líneas, funciones, posibilidades, sentidos, interactuar.
El juego con el otro, la relación, la cooperación social, incluida la educadora, con la que entrama una relación afectiva. El juego que le permite responder a los estímulos con su curiosidad, sus intuiciones, su sentido de la observación, sus sentimientos morales y religiosos.
El juego para admirar y descubrir las bellezas de la naturaleza, para despertar su poderosa capacidad de análisis y de reflexión y para promover una vida bella, austera, centrada en el respeto por todos lo seres.

La curiosidad de los niños, por sobre todo. Y la organización diaria del tiempo, y la planificación del trabajo diario, principios indiscutidos de Froebel inspiraron a Sara.
A jugar con los dones, elementos complementarios y de desarrollo que sirven para la observación de la vida, de sus partes y de los fenómenos y de la naturaleza sensible. También los cantos alusivos, creados en relación con los dones. Pero después, al jardín, al espacio libre .Ya no bastan las salas, hay que salir a las zonas externas a observar las maravillas que ofrece la naturaleza.
El  niño es el eje de todo el proceso y que hay que adaptarse a su desarrollo natural para que la  tarea sea fructífera.
         
Según opiniones que hemos revisado, el jardín creado en 1884 pasó un tanto desapercibido en este primer año, debido a la estrechez del espacio acordado
Pero con el tiempo, y gracias a la calidad del trabajo de Eccleston, se popularizó:

“fue frecuentado por los niños de las mas distinguidas familias y las exposiciones de fin de año, las fiestas, con los juegos y clases públicas fueron éxitos brillantes que contribuyeron a afianzar la obra educadora.”[21

Los dones generaron la conexión entre las dos fases de la acción de Eccleston:

 “Las direcciones para el uso del material didáctico, que consistía en los dones, perforado, doblado, cartonado, trabajo en arcilla, canciones y juegos estaban en lengua extranjera, en alemán o en inglés. La señora Eccleston se propuso traducirlo con la ayuda de sus discípulas. Y así poco a poco el kindergarten de Paraná contó pronto con un seleccionado y hermoso material propio que fue enseguida utilizado por todos los institutos similares argentinos.”[22]



Por este Jardín, nada menos, pudo andar nuestro Carrieguito, ya que su familia estaba estrechamente ligada a los destinos de la Normal. Profesores, directores, alumnos, los Carriego han pasado por sus aulas.

¿Qué se habría  llevado, de haber tenido esta experiencia?
Se nos escapa, al pensarlo, una frase de un famoso educador: “Todo lo que sé, lo aprendí en el Kindergarten”.
Sabemos, por nuestras propias historias, los valores de la educación inicial y las huellas que ha dejado en cada uno de nosotros.
A pesar de las asincronías y los desencuentros, pensamos que no sería raro que nuestro Carrieguito se hubiera formado a la manera de su padre. De alguna forma, pues, la Normal de Paraná le dejó. Y mucho.
Pero Sara se fue a EEUU en el mismo año en que Evaristo debió de haber ingresado en el Establecimiento modelo.
Por lo tanto… ¡mucho se perdió Carrieguito! Mucho y bueno…Pero seguramente se llevó mucho, también, de aquella primavera bostoniana en Paraná.

[1] Nos referimos a Domingo Faustino Sarmiento.
[2] Político y escritor chileno, hijo de un banquero chileno y de una dama argentina, amigo de Sarmiento y a quien Mansilla dedicó su famoso libro “Una excursión a los indios ranqueles”.
[3] Reggini, Horacio. Boston, una de las claves de Sarmiento. Especial para La Nación. 9 de julio de 2000.

[4] Juana Manso se enamoró de un violinista brasileño que conoció en el exilio. Con el maestro Noronha tuvo dos hijas, una nacida en EEUU y otra en Cuba. Visitó Filadelfia y conoció a Mary Peabody, ya que las cartas que se cruzan muestra una relación fluida. Hasta el momento , la relación entre Juana y las maestras sarmientinas no ha sido debidamente estudiada por los especialistas.
[5] Yordet, Cecilia. Op.cit.
[6] Yornet, Cecilia.” La odisea de venir desde Boston a San Juan en el siglo XIX”.Fundación Bataller.
[7] Yornet, Cecilia. Op.cit..
[8] En la tapa del libro de Julio Crespo sobre las maestras de Sarmiento aparece una fotografía que muestra a  Jennie E. Howard y Clara Gillies de Bischoff tocando el banjo en la Escuela Normal de Paraná. Los especialistas en banjo de nuestro país consideran que fueron los primeros banjos que hubo en Argentina. Jennie fue la única que dejó escritas sus memorias de la aventura en un pequeño tomo.
[9] Yornet, Cecilia. Op.cit.
[10] Jennie Howard escribió sus memorias con el título de “In distant clime and other years”. Las narra en tercera persona.
[11] De Massi , Dr. Oscar Andrés. Con la pluma y la palabra. Puntal.com.ar.Río Cuarto.Córdoba. 6 de junio de 2011.

[12] Corresponde a las actuales calles Hipólito Yrigoyen (Victoria), Pasco, Alsina y Pichincha
[13] En el cementerio británico de la Chacarita se encuentran las tumbas de las maestras que trajo Sarmiento. Aquí también se dice que fue enterrada Juana Manso, quien se había convertido al protestantismo. Luego fue trasladada al Panteón del Magisterio de La Chacarita.
[14] En los episodios referidos a la epidemia de fiebre amarilla, uno de los animadores más vehementes para organizar la defensa de la población ante el flagelo, fue Evaristo Carriego de la Torre, el padre de nuestro poeta.
[15] El Intendente de Paraná, durante 2010, fue el señor José Carlos Halle.
[16] Riani , Jorge. Controversia sobre el destino final de una maestra contratada por Sarmiento. El Diario de Paraná.19/09/2010.

[17] Sosa de Newton, Lily. Diccionario biográfico de mujeres argentinas. Buenos Aires. Plus Ultra.1986
[18] Brailovsky, Daniel. Escenarios simbólicos en los orígenes del kindergarden. Diálogos de la memoria. Entrevista realizada en 2005

[19] Barrancos, Dora. Op.cit.
[20] Barrancos , Dora.Ibidem.
[21] En Internet :
[22] Op.cit.

 Fuente: Fragmento de "Carrieguito" de Laura Erpen



Dos imágenes no tan conocidas  
Un mapa de Boston en los años 1840, el sitio del análisis educativo principal de Sarmiento

Fotografía de Sarmiento después de la batalla de Caseros en 1852


Fuente de imágenes:wisconsinhistory.org
Paraná hacia el Mundo



Laura Erpen es escritora,de Concepción del Uruguay, Entre Ríos, poeta,narradora, ensayista, premiada recientemente con el máximo galardón que otorga la provincia de Entre Río: el Premio Fray Mocho por su obra: "Carrieguito", investigación sobre la figura del poeta argentino Evaristo Carriego.





Caballero del ensueño...

¿Quién no ha escuchado alguna vez esta canción ,en boca de madres,tías, abuelas,?¿O en la versión de Atonio Tormo,por ejemplo?
Era de culto en las radios,allá por la década de los 40 ,los 50 y aún en los 60.Después fue haciéndose patrimonio de ñas reminiscencias de hijos,sobrinos, y nietos que se la aprendieron de memoria y la cantaron sin pensar en sus orígenes ,pero identificándose ,la mayoría de las veces ,con su intencionalidad. 



 Mis harapos por Antonio Tormo
        



Mis harapos (canción)


Caballero del ensueño, tengo pluma por espada
Mi palabra es el alcázar, de mi reino, la ilusión,
Mi romántica melena así lacia y mal peinada
Es más bella que las trenzas enruladas de Ninón.

Tengo un primo, él es rico, poderoso y bien querido
Yo soy pobre, soy enfermo, pienso, escribo y sé soñar,
Y una noche de esas noches, tan amargas que he sufrido
Mis harapos con su smoking se rozaron pasar.

Me miró como al descuido, no dejó su blanca mano
Se estrechara con la mía contagiándole calor,
Él, su smoking lo vestía, mi elegante primo hermano
Y alejóse avergonzado de su primo el soñador.

El helado cierzo a ratos arreciaba incompasivo
Yo sentía frío adentro, frío afuera y todo así,
Y arrimándome a un puerta, rompí en llanto compulsivo
Y llorando como un niño, como un hombre maldecí.

Vas rozando las hilachas de mis trágicos harapos
Una mueca de ironía, mi miseria le arrancó,
También ríen en el charco los inmundos renacuajos
Cuando rozan el plumaje de algún cóndor que cayó.

Arquetipo inconfundible de tartufos que disfrazan
Con el corte irreprochable de algún smoking o frac,
Tú eres, primo... el arquetipo, mis orgullos te rechazan
Déjame con mis harapos, son más nobles que tu frac.

Así comienza esta parte del libro  Carrieguito de la escritora Laura Erpen,el que ya se ha dicho que obtuvo el máximo galardón otorgado por la provincia de Entre Ríos: el Premio Fray Mocho en la categoría de género ensayo en 2010.
A partir de esta introducción con interrogantes y la letra de la canción Laura desplegará una historiografía minuciosa y detallada desde la confusión generada a partir de la atribución de la letra a Alberto Ghiraldo, destacando su labor como escritor,periodista,publicista,dramaturgo,las controversias por los derechos de autor de la canción hasta las íntimas relaciones con la poética de Carriego dentro del contexto social político culural económico de la época del 30 en Argentina.No queda afuera el estudio, la reflexión crítica sobre todo el contecer social político en el que se movieron el poeta ,el letrista, los cantores de tango,los políticos en aquel  Buenos Aires de principios del siglo XX.
Nada mejor que ofrecer la lectura de estas páginas que se centran en esta etapa de investigación sobre el poeta que refejan la valiosa labor literaria de Laura y fundamentan el merecido premio.




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